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lunes, 5 de mayo de 2014

EL POBRE DR FRANKENSTEIN

El Dr, Fankenstein dedicó gran parte de su vida a su proyecto. Pasa interminables horas en su laboratorio diseñando, estudiando, construyendo. Después, comenzó a recolectar partes humanas de los cementerios. Con paciencia y dedicación, hoy conseguía una pierna, mañana un brazo y dentro de una semana, la cabeza. Una vez reunidas todas las piezas, las unió lo mejor que pudo para que dieran el aspecto de un ser humano. Se mantuvo informado de los fenómenos climáticos e hizo las modificaciones necesarias para cuando llegara el momento.
Por fin una noche, lo que tanto había anhelado: se desató una fuerte tormenta cuyos relámpagos iluminaban el cielo como si fuese de día. El científico se apresuró a disponerlo todo de inmediato. Cubrió su "creación" con una sábana y lo subió hasta lo más alto, donde pudiera recibir las enormes descargas eléctricas de la tormenta. Cuando hubo terminado, lo trajo de vuelta y se emocionó al ver movimiento a través de la tela. Pero cuando lo descubrió, toda su emoción se transformó en horror. Se llenó de enojo, de vergüenza y asco al ver el monstruo deforme y estúpido que había creado. Lo único que le provocaba era repulsión.
Ante la enorme frustración llevó a su monstruo a las más lejanas montañas y le abandonó.
De regreso en su hogar, al calor del fuego de la chimenea, no podía hacer más que lamentar su suerte. Mientras degustaba deliciosos manjares en la cena, se repetía a sí mismo que había sido víctima del destino cruel y despiadado. Cada vez que salía de tomar un baño caliente y sentía la suave y delicada tela de ropa limpia rozar su piel, se compadecía de sí, al afirmar que su gloria le había sido arrebatada.... ¿Por quién?... Y cada noche, antes de dormir en su blanda y cómoda cama, se acordaba de aquella criatura únicamente para maldecirla por haberlo llevado al fracaso de su carrera científica. Jamás, sin embargo, se le ocurrió imaginar siquiera la "vida" que aquella criatura estaría llevando: solo, despreciado, humillado, sin un ápice de civilización a su alrededor. Pasando frío.
Si, ¡Pobre Dr, Frankenstein! Qué difícil fue para él sobrellevar el fracaso. Eso era lo que realmente importaba.
Porque, ¿Para qué molestarse en compadecer a algo que ni siquiera llega a ser humano? Sería una absurda pérdida de tiempo considerarlo siquiera; y el tiempo es un recurso demasiado valioso; pensaba el Doctor... siempre es mejor saber aprovecharlo repitiéndose a sí mismo una y mil veces que él era la víctima en todo esto; en lugar de desperdiciarlo pensando en lo que aquel monstruo, que fue su ruina, pudiera estar sintiendo. Después de todo, era solo una bestia ignorante.... Y los monstruos no tienen sentimientos.... ¿O sí?......


Es mucho más fácil ignorar, esconder, e incluso culpar de nuestras desgracias a los monstruos y demonios que nosotros mismos creamos con tanto afán. El tener la capacidad, la fortaleza, la inteligencia y la entereza de mirarlos de frente, encararlos, enfrentarlos y en su caso, corregirlos o eliminarlos les está reservado únicamente a los valientes. A los que prefieren tomar la responsabilidad de sus actos y las consecuencias de los mismos; por difícil que sea. En fin, a los que quieren ser mejores.

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