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jueves, 7 de marzo de 2013

PRESENTE MEDIEVAL (Día de la Mujer)



Los combates  medievales son famosos por el derroche de valentía inmerso en ellos.
La imponente apariencia de los “guerreros” enfundados en deslumbrantes armaduras, la entrega, el sacrificio, la pasión y la lealtad incondicional que se demostraba por el reino y la corona aún en nuestros días sigue siendo admirable.  Ahora las batallas son de otra clase; sin embargo son, también, tan extenuantes y desgarradoras como entonces, sobre todo para las mujeres.
 Vivimos deseando, pensando, trabajando, intentando; y sin embargo, aún en nuestros días a menudo permitimos que sea el entorno quien decida por nosotras.
Ya sea por costumbre, por herencia, por "respeto" y a veces hasta por miedo, las decisiones importantes quedan muchas veces en manos de terceras personas: el padre, el marido, el jefe, etc. y no nos atrevemos a decir lo que pensamos, quizás por temor a las críticas, a la burla, a la discriminación o ridiculización.
Y justo en medio de este “presente medieval” plagado de corrupción, de violencia, de injusticias y traiciones; una... dos.... tres... unos cuantos cientos y miles de mujeres alzamos la voz, nos colocamos la armadura, blandimos nuestra espada y luchamos día a día contra el enorme y terrorífico monstruo de abusos e iniquidad que, aunque cada vez mas débil, nos ha aquejado por siglos.
Todas y cada una de nosotras nos vestimos de caballeros leales y valientes para defender nuestros respectivos reinos.
No solemos hacerlo desde una trinchera, con vestimentas camufladas, escondidas entre la maleza. No establecemos un perímetro protegidas por un despliegue impresionante de soldados, policías o cuerpos de seguridad. No necesitamos escondernos o resguardarnos entre un escudo humano, o en carruajes blindados protegidas por personal fuertemente armado. Eso se lo dejamos a los mandatarios temerosos del hartazgo y el reclamo de sus pueblos.
Las mujeres de hoy en día luchamos desde lo alto de nuestro castillo, con la mirada hacia adelante y la frente en alto. A veces con una amplia sonrisa de satisfacción por nuestros logros; otras, quizás mostrando el cansancio reflejado en el rostro, con un poco de mal humor por cuestiones hormonales o por cuidar de los pequeños príncipes y princesas que suelen poner de cabeza el palacio.
Contentas, tristes, enojadas, fastidiadas, satisfechas, malhumoradas, y hasta tarareando una melodía; en fin, como sea, jamás dejamos el fuerte. No bajamos la guardia por más difícil que la situación se nos presente.
Nuestra armadura y espada presentan las huellas de miles de batallas; unas ganadas, otras perdidas, pero todas peleadas con valentía y dignidad.

Los relatos de épocas medievales nos muestran un mundo de reinos, de lucha por el poder, por la justicia y por la paz. Hoy, en pleno siglo XXI,  también se libra una batalla. Una lucha constante de mujeres por su independencia, por su autonomía y su poder de decisión. Y de repente se nos rompen  todos los esquemas  a los que nos acostumbraron tal vez desde el principio de los tiempos: Aquí no hay gallardos caballeros que, montados en briosos corceles lleguen para salvar a la doncella desvalida  y a convencerla, con un beso, de que son el uno para el otro.
Y nos deja lecciones muy importantes: No somos doncellas desvalidas. Nadie decide por nosotras. No necesitamos un caballero andante que nos rescate; preferimos caballeros que nos quieran, que nos respeten y valoren, mas no que carguen todo el peso de nuestras acciones; porque somos nosotras, detrás de esa armadura quienes cabalgamos por la vida junto a ellos.
Y así como no necesitamos grandes ejércitos de hombres armados y listos para combatir, ni jinetes garbosos y audaces; tampoco necesitamos solo un "Día internacional de la Mujer" para continuar defendiendo nuestro reino.
La espada la alzamos en alto cada día, no solo uno. La armadura, la sonrisa, la frente en alto, las mostramos siempre. La guardia no se baja ni un solo instante.
Ojalá que en el mundo haya cada vez mas guerreras dispuestas a defender su dignidad y autonomía, hasta que llegue el momento en que seamos tantas, que el reconocimiento a nuestra labor, el respeto a nuestros derechos y la equidad de género se manifiesten no solo un día, sino toda una vida.

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