"Alicia en el País de las Maravillas" es mucho más que una película de fantasía. Más allá de las imágenes vistosas, del despliegue de tecnología y del prestigio de los actores que intervienen en ella, encontramos contenido de fondo que lleva consigo un mensaje bastante interesante.Ambientada en el siglo XIX, en una época en la cual la información, la educación y la cultura llegaban únicamente a unos cuantos privilegiados, se alza la voz de una mujer que lucha por defender su modo de vida.
Cuando vi la película, no pude evitar el pensar que todas somos un poco como Alicia. Vivimos deseando, pensando, trabajando, intentando; y sin embargo, aún en nuestros días a menudo permitimos que sea el entorno quien decida por nosotras.
Ya sea por costumbre, por herencia, por "respeto" y a veces hasta por miedo, las decisiones importantes quedan muchas veces en manos de terceras personas: el padre, el marido, el jefe, etc. y no nos atrevemos a decir lo que pensamos, quizás por temor a las críticas, a la burla, a la discriminación o ridiculización.
Y justo en medio de este "País de las Maravillas" plagado de corrupción, de violencia, de injusticias y traiciones; una... dos.... tres... unos cuantos cientos y miles de mujeres alzamos la voz, nos colocamos la armadura, blandimos nuestra espada y luchamos día a día contra el enorme y terrorífico monstruo de abusos e iniquidad que, aunque cada vez mas débil, nos ha aquejado por siglos.
Todas y cada una de nosotras nos vestimos de caballeros leales y valientes para defender nuestros respectivos reinos.No solemos hacerlo desde una trinchera, con vestimentas camufladas, escondidas entre la maleza. No establecemos un perímetro protegidas por un despliegue impresionante de soldados, policías o cuerpos de seguridad. No necesitamos escondernos o resguardarnos entre un escudo humano, o en carruajes blindados protegidas por personal fuertemente armado. Eso se lo dejamos a los mandatarios temerosos del hartazgo y el reclamo de sus pueblos; y a los presidentes que están hechos de discursos, de falsas promesas, de guerras perdidas y de pésames estériles por la muerte inmerecida de su gente.
Las mujeres de hoy en día luchamos desde lo alto de nuestro castillo, con la mirada hacia adelante y la frente en alto. A veces con una amplia sonrisa de satisfacción por nuestros logros; otras, quizás con con el cansancio en el rostro, con un poco de mal humor por cuestiones hormonales o por cuidar de los pequeños príncipes y princesas que suelen poner de cabeza el palacio. Contentas, tristes, enojadas, fastidiadas, satisfechas, malhumoradas, y hasta tarareando una melodía; en fin, como sea, jamás dejamos el fuerte. No bajamos la guardia por más difícil que la situación se nos presente. Nuestra armadura y espada presentan las huellas de miles de batallas; unas ganadas, otras perdidas, pero todas peleadas con valentía y dignidad.
"Alicia en el País de las Maravillas" nos muestra un mundo de reinos, de lucha por el poder, por la justicia y por la paz. Una lucha de mujeres por su independencia, por su autonomía y su poder de decisión. Y de repente nos rompe todos los esquemas de las películas de princesas y castillos a los que nos acostumbraron Disney y la sociedad en general: Aquí no hay gallardos caballeros que, montados en briosos corceles lleguen para salvar a la doncella desvalida, y a convencerla, con un beso, de que son el uno para el otro.
Y nos deja lecciones muy importantes: No somos doncellas desvalidas. Nadie decide por nosotras. No necesitamos un caballero andante que nos rescate; preferimos caballeros que nos quieran, que nos respeten y valoren, mas no que carguen todo el peso de nuestras acciones; porque somos nosotras, detrás de esa armadura quienes cabalgamos por la vida junto a ellos.
Y así como no necesitamos grandes ejércitos de hombres armados y listos para combatir, ni jinetes garbosos y audaces; tampoco necesitamos un "Día internacional de la Mujer" para continuar defendiendo nuestro reino.
La espada la alzamos en alto cada día, no solo uno. La armadura, la sonrisa, la frente en alto, las mostramos siempre. La guardia no se baja ni un solo día.
Ojalá que en el mundo haya cada vez mas "Alicias", hasta que llegue el momento en que seamos tantas, que ya nadie necesite ni se acuerde de un día internacional de la mujer.

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