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viernes, 17 de diciembre de 2010

DESAFIANDO NAVIDAD

Durante la mayor parte del año nos enfrentamos a muchas cosas: a la enfermedad, a la mala economía, a la partida de algún ser querido, a las pérdidas en cualquiera de sus formas, al frío, al calor, a la ira extraordinaria de la Madre Naturaleza y a muchos otros "etcéteras" que van minando nuestras fuerzas, nuestra fe y nuestro entusiasmo. Aprendemos a vivir a la defensiva, siempre esperando lo peor. El verdadero problema no es el hecho de hacerle frente a todas estas cosas; sino el acostumbrarse a ello.

Después de estar casi vencidos, cansados y un tanto amargados por tantas batallas, de pronto se llega el fin de año, y a lo que nos enfrentamos ahora es a la alegría, al perdón, al amor, a la familia, a comer mucho y de lo que nos gusta, a las risas de los niños y al sonido armonioso de las campanillas y los cascabeles. Y ¿Cómo, en el nombre de todos los santos y los arcángeles, cómo se afronta todo esto, después de estar tan acostumbrados a pelearnos con la vida? ¿Cómo se vive la magia, la armonía, las cosas lindas; si acabamos de disputarle a este mundo cada vez más envilecido, nuestro pedacito de paz?...

Y ante la duda, optamos por dejarnos hipnotizar nuevamente por la publicidad (como si no fuera suficiente el resto del año); cedemos ante los galanteos seductores del consumismo y nuevamente nos hallamos en nuestro "modus vivendi" angustioso e impaciente. Volvemos a enfrentarnos con la vida, pero esta vez, nuestros oponentes son los regalos, los juguetes, la cena, los adornos, el pinito y las compras de último momento. Nuestra actitud entonces, que debería ser de emoción y regocijo por las fiestas y lo que significan, se vuelve completamente en contra nuestra y hasta el hecho de decidir qué regalarle al jefe para quedar bien, se convierte en todo un drama al estilo "Lo que el viento se llevó"; y es así como la historia de todo el año se repite una y otra vez.

Dicen que "a lo bueno nos acostumbramos muy pronto".... ¿Será?... Quizás es mas bien al revés. Tal vez es a lo malo a lo que estamos muy acostumbrados. Tanto, que cuando nos llegan cosas buenas no sabemos cómo manejarlas y a menudo es mucho mas fácil convertirlas en rivales que en aliadas. Así es que, para saber qué actitud tomar, no sería mala idea que pensáramos un poco ¿Cómo quiero "afrontar" la Navidad este año?...

Quizás aún es tiempo para aprender a acostumbrarnos a las cosas buenas (pocas, quizás, pero las hay) que nos ofrece la vida.

viernes, 19 de noviembre de 2010

LOS CINCO SENTIDOS...MAS UNO

Tener el sentido común averiado quizás pueda parecer irrelevante para algunas personas; sin embargo, es de suma importancia tenerlo tan sano y alerta como los demás sentidos, porque es el que nos indica cómo resolver esos problemas cotidianos tan comunes.

La gente que carece de sentido común o que lo tiene severamente dañado es como un adicto: no se da cuenta de lo que padece, y en muy raras ocasiones será capaz de reconocer que tiene un problema, pero no suele identificar cuál es.

Por desgracia la deficiencia del sentido común o la carencia de éste no es alguna "enfermedad" debidamente establecida, catalogada y tratada; por lo tanto, si no hay mal, no hay tratamiento, y si no hay tratamiento es muy difícil que haya una cura.
Las personas que padecen este "mal" son aquellas que están completamente inmersas en un mundo de ocupaciones, de exceso de información y métodos hasta para las cosas más sencillas. Suelen ser muy analíticos, bastante inteligentes y su cerebro trabaja a mil por hora. Por lo general, son capaces de resolver las situaciones más complejas con una precisión increíble; aun bajo presión. Sin embargo, su mayor deficiencia la presentan cuando son forzados a solucionar los conflictos más sencillos.

Cuando el sentido común no funciona correctamente, las cosas más simples se vuelven complejas; aún peor cuando el método aplicado para ciertas situaciones falla por algún agente externo, ajeno a la voluntad misma. Una persona con este tipo de problema suele tardar unas diez veces más que el resto de la gente en sacar adelante una contingencia "simple"; los pretextos abundan y jamás pasa por la mente el "algo estoy haciendo mal" o el "¿Por qué se me dificulta más resolver estas pequeñeces, si he podido solucionar cosas aún mas complejas?" y ni hablar de escucharlos decir alguna vez "creo que tengo un problema con mi sentido común"... completamente utópico.

De ninguna manera son personas malas, o raras o anormales... simplemente tienen una insuficiencia que es muy difícil de identificar y que les impide ver las cosas más simples como el resto. El desear o exigir que lo hagan es un ideal que puede no estar tan alejado de la realidad; siempre y cuando estemos conscientes de que este "mal" existe y que hay quienes lo padecen.

El verdadero obstáculo es que una persona cuyo sentido común está averiado o ausente no suele aceptar que tiene un problema por la simple y sencilla razón de que son más que capaces de solventar los más complicados contratiempos, y trabajan bajo la premisa de que, si son aptos para ello, lo son, con mayor razón para las pequeñas vicisitudes de la vida diaria.
La convivencia con este tipo de gente no suele ser muy problemática; solo sería cuestión de adaptarse un poco a su forma de pensar, ser y actuar; de mostrar empatía (aunque a ellos se les dificulte) y armarse de mucha paciencia para intentar ayudarles a lidiar con la cotidianeidad.

Es curioso cómo a menudo lo más ordinario o sencillo resulta ser en realidad lo más embrollado y laborioso cuando carecemos de algo tan elemental como el sentido común.

Todavía no termino de entender por qué los sentidos básicos son solo cinco y no seis; quizás si desde la primaria nos hubieran enseñado que en realidad son seis y que el sexto es tan importante como el ver, escuchar, tocar, oler y degustar, la vida se haría bastante más llevadera para muchas personas.

martes, 28 de septiembre de 2010

LA IMPORTANCIA DE NO AMAR

Uno de los más famosos motivadores del país se presenta en un programa de televisión tocando el tema de los sentimientos.
- Es importante - decía - decirle a las personas que amamos, cuánto las queremos.
Sostuvo una y otra vez que nunca debe darse por hecho que nuestros seres queridos ya saben que los amamos; y aunque así fuera, es necesario decirlo para reforzar los lazos.

Sin duda, tenía toda la razón del mundo. Vemos incluso esta idea plasmada en libros, revistas, correos electrónicos con mensajes positivos, y en ocasiones hasta en carteles.

Decir "te amo" no es fácil para muchas personas; ya que implica cierto compromiso emocional e involucra todo un torrente de sentimientos, de esperanzas y consecuencias que quizás no estaban previstas. Para otros, por el contrario no es nada del otro mundo: son dos simples palabras que salen de los labios (mas no del corazón), y se pueden decir con bastante frecuencia.
Pero, ¿Qué pasa cuando es necesario todo lo contrario?
Decir "te amo" es tan relevante como decir "NO te amo". Para ambos casos se requiere cierta madurez, valentía, y sobre todo, ganas de no hacer sufrir a la otra persona.
El "te amo" evita muchas dudas, conflictos y malentendidos. El "no te amo" también pero tiene un "plus": impide que una falsa esperanza vaya creciendo, desarrollándose y volviéndose cada vez mas fuerte.
De ninguna manera pondero el decir "no te amo" a decir "te amo". La importancia de ambos se la da cada cual de acuerdo a sus necesidades o situación personal. Sin embargo, me he dado cuenta de que al parecer el decir "te amo" es mucho más sencillo que aceptar la ausencia de amor. ¿Por qué? Por simple comodidad.
Es mucho mas fácil que estas dos palabras salgan de la boca como si nada, para desvanecerse en el infinito, a tener que lidiar con sentimientos propios y ajenos. A veces las pronunciamos bajo cierta "presión", o quizás puede mas nuestro deseo egoísta de "no hacer sufrir" a la persona y entonces preferimos mentir ( lo cual resulta completamente contraproducente), y en el peor de los casos se lanza el "te amo" como una maldición, únicamente para conseguir lo que se desea. Y es entonces cuando estas dos palabritas, que juntas hacen que el mundo gire, que la vida tenga sentido y el futuro un nuevo color, tomen un sentido completamente opuesto y hasta cierto punto ruin y despiadado; tanto, como decir el tan desvalorado e injustamente satanizado "no te amo".

Viéndolo en un sentido lógico, "Te amo" no siempre es bueno, y "No te amo" no siempre es malo. No cuando se dicen sinceramente, con el alma, con el corazón, con el convencimiento y conocimiento de causa necesarios. Y a fin de cuentas, las palabras y las frases hechas no sirven de nada si no llevan consigo la coherencia de los actos. Todo se resume a que si se dice, se demuestra. El "decir" no basta; como no basta la falsa sensación de una comodidad ficticia, ni la utópica nobleza de ser incapaces de provocar sufrimiento o dolor alguno.

Se nos enseña desde pequeños a decir "te amo". Se nos repite una y mil veces la importancia de hacerlo. Se nos reprende, se nos señala, cuando lo pasamos por alto. Nos lo recuerdan a cada momento por todos los medios posibles. Y se nos aconseja tanto, que al final repetimos las palabras como quien recita las tablas de multiplicar de memoria. Pero, ¿Quién nos indica la importancia de decir " No te amo"? o ¿Cuántas veces nos dicen que además de decirlo hay que sentirlo?...

Desde esta perspectiva, quizás no seremos capaces de imaginar cuántos "no te amo" van flotando a la deriva en el ambiente... con un burdo disfraz de amor eterno.


martes, 22 de junio de 2010

DIÁLOGOS FUTURISTAS

- Buenas noches, hijo.
- ¡Papá, espera!, ¿Podrías ver si hay algún humano en el armario?
- Vamos a ver, me parece que ya hablamos de esto antes. Los humanos no existen, ya te lo he dicho.
- Bueno, pero... existieron, ¿O no?
- Pues sí, pero eso fue hace muchos muchos años. De un largo tiempo para acá, solo existimos los monstruos.
- Pero.. ¿Y si quedara algún humano todavía?
- Imposible. Terminamos con esa raza débil repleta de defectos hace mucho tiempo. Entiéndelo de una vez: en el mundo solo existe nuestra especie.
- Papá, dime, ¿Cómo eran ellos?
- Bueno, pues... se parecían mucho a nosotros. Se veían como nosotros, caminaban y hablaban como nosotros; pero ya te lo dije: eran débiles. Tenían dentro de sí pensamientos nobles, algunos hasta llegaban a ser compasivos. Por eso se extinguieron. Nadie sobrevive así.
- ¿Quieres decir que se podría confundir a un humano con un monstruo? ¿Con uno de nosotros?
- Antes, quizás. Ahora ya te dije que se han ido para siempre. Anda, mejor trata de dormir, que ya es tarde.
- Está bien, pero apaga la luz. Ya sabes que la claridad me da miedo.
- Hijo mío, no debes temer. Recuerda que aún bajo un cielo despejado, iluminado por el sol mas radiante, tu interior siempre estará colmado de tinieblas; como el alma de cualquier monstruo. Y si no puedes dormir, podrías cerrar tus ojos y contar víctimas... de injusticias, robos, violaciones, asesinatos... tú decides.
- ¿Y si termino de contarlas y aún no me duermo?
- Imposible. Son infinitas. Verás que no llegas ni a media centena cuando ya estarás dormido. Ahora descansa.
- Lo haré. ¡Buenas noches, papá!
- Hasta mañana...

miércoles, 21 de abril de 2010

CERRANDO CÍRCULOS

La gran mayoría de nosotros nacemos, crecemos y morimos pensando que la vida es un ciclo. Es un círculo que comienza con nuestro primer aliento de vida y culmina con el último suspiro. Lo que jamás nadie nos dice es que ese enorme círculo que es la vida está lleno de pequeños y grandes círculos que conforman cada etapa, cada proceso y cada batalla que tenemos que librar.
Cada enfermedad, cada problema, cada trabajo y cada nuevo día es un círculo que se abre y se cierra a discreción. Aquí el problema es que estamos demasiado acostumbrados a ver los cierres como un fin, cuando en realidad pueden significar el inicio de algo nuevo.
Si terminamos una relación, por ejemplo, el cierre se da únicamente para ese "proceso", mas no para la vida en sí, ni para nuestras actividades cotidianas, ni para la intensidad de nuestros sentimientos.
El fin de una etapa supone siempre el inicio de otra; que viene con su dotación de círculos, de aperturas y clausuras, de retos, decepciones y metas cumplidas.
Cuando termina un ciclo, nos invade cierta sensación de vacío, de tristeza, y quizás un poco de nostalgia; y muy pocas veces pensamos en la emoción de iniciar algo distinto que le dará un nuevo aire a nuestro entorno.

Y ya entrando en términos geométricos, ¿por qué conformarse con sólo círculos? ¿Por qué no incluir en nuestra vida cuantas formas podamos?...
Hay ocasiones en que llevamos un camino recto que creemos seguro, pero por alguna circunstancia nos obligamos a cambiar de dirección bruscamente; y entonces el círculo se convierte en rectángulo, o en un triángulo de subidas y bajadas pronunciadas. O quizás tardamos mas de lo normal el terminar un trabajo y entonces ya estaríamos hablando de una elipse... Y cuando demoramos en encontrar el camino, nos volvemos hexágonos y octágonos cambiando constantemente de dirección, de manera de pensar y de ver las cosas, hasta que encontramos la ruta correcta, y entonces se cierra el hexágono de la indecisión para dar paso a la apertura de una nueva forma.


Figuras, colores, sabores, procesos, batallas, principios y fines... La vida está llena de todo eso y más; que incluye dentro de sí muy variados matices que le ponen la sal y la pimienta a nuestros días.
Cuando lo vemos de esta manera, la monotonía no tiene lugar; los inicios son, quizás, perfectamente reconocibles; pero los finales se vuelven relativos. Nos cambia la perspectiva que teníamos de un mundo lleno de nostálgicos finales; y la frase de "todo tiempo pasado fue mejor" empieza a carecer de importancia cuando nos damos cuenta de que los cierres no son tales, sino principios disfrazados de finales que conllevan siempre a nuevos descubrimientos, redescubrimientos y experiencias.

El dilema está en que a menudo el comienzo está tan oculto entre la maleza del final, que nos pasamos la vida subsistiendo en desenlaces que no nos permiten avanzar hacia algo nuevo, y entonces el círculo se convierte en un símbolo de infinito del que se vuelve prácticamente imposible salir; a menos que cambiemos de estrategia y busquemos el inicio de lo que sigue, en lugar de perseguir siempre las causas que nos llevaron a ese fin.
No se trata de quedarse, esperar y permanecer
; sino de avanzar, de ir siempre delineando cada nueva experiencia. El aspecto y tamaño dependerán de muchos factores, tanto internos como externos.
Cada día es un nuevo comienzo y una nueva forma. ¿De qué figura será nuestro próximo ciclo?... hay una manera de saberlo: viviendo cada pequeño detalle tan intensamente como podamos; diseñando y dibujando el contorno en cada sonido, en cada imagen, en cada gesto... Y al final del día, al cerrar los ojos cerraremos también ese trazo, dedicando la noche para afilar el lápiz; permitiéndonos así comenzar el nuevo día con una incipiente forma completamente nueva y diferente; colmada de retos y oportunidades.
Cerremos pues los círculos, colocando fuertes candados en aquellos que hagan daño, dejando que se pierdan en la eternidad del olvido, para no volver a entrar en ellos; arribando así a las nuevas figuras con la mente clara, el alma intacta, y el espíritu libre.

viernes, 8 de enero de 2010

BUSCANDO INSPIRACIÓN

He visto bastantes programas y películas en los cuales aparece algún escritor; quien para curar su "sequía inspiracional" decide irse a un retiro voluntario en lo profundo de algún bosque, una playa o un campo solitario.
Nunca me pareció una buena idea. La inspiración, por lo que he podido ver, entender y vivir, se toma precisamente de lo que hay alrededor: la gente, la calle, las tiendas... los medios de comunicación, y hasta la rutina de la vida diaria y los problemas cotidianos son una fuente inagotable de inspiración. Nos alimentamos de lo que nos rodea; por lo tanto, si lo que nos rodea es el silencio, la tranquilidad, la soledad y la monotonía del reloj, la fuente se seca.
El aislarse de la gente, del ruido, de la sociedad y del mundo real, nos aísla de nosotros mismos; y caemos en un círculo vicioso que empieza con la falacia del "tengo que estar solo, aisaldo y tranquilo para inspirarme" y termina con el desengaño de tener la mente en blanco.
El aislamiento solamente conduce, en la mayoría de los casos, a concentrarse en uno mismo. A encontrarse mas defectos que virtudes, y puede desembocar incluso en un absurdo cuadro depresivo y un trastorno de ansiedad muy difícil de curar. Y digo "absurdo" porque la depresión llega a ser auto inducida con pleno conocimiento de causa, bajo el incoherente argumento de la búsqueda de inspiración.
Dijo Sherlock Holmes, en una de sus tantas aventuras, que el mundo está lleno de cosas evidentes en las que nadie se fija ni por casualidad. El caudal incesante de creatividad lo tenemos al alcance de la mano. En el mundo que nos rodea. Por más cruel y bajo que sea, siempre encontramos una buena historia, un argumento interesante o un artículo certero escondido en la diversidad de las situaciones cotidianas.
Los viajes por carretera, por ejemplo siempre son enriquecedores, tanto para reforzar los lazos afectivos de quienes viajan juntos, como para llenarse y regodearse de nuevas experiencias, conocimientos y aventuras que pueden ser tema, después, de alguna historia interesante. (Y fue precisamente en uno de esos viajes, de donde tomé la inspiración para el argumento del cuento "Zona de Riesgo"; el cual se encuentra en el blog del Sentimiento Creativo. )

El vivir intensamente, el inspirarse día con día, no necesariamente está en la pacífica soledad de un campo florido...ni en la adrenalina de lanzarse cada semana en un paracaídas. La plenitud de la vida se encuentra precisamente en esos pequeños detalles que son tan evidentes y en los que nunca nos fijamos: En la señora que discute con la cajera del súper por no respetarle un precio, en la carcajada del niño cuando ve una película graciosa; y hasta en el oficial de tránsito aprovechado y sinvergüenza que nos pone una multa por "estornudar dentro del auto"...

Tomando sorbos pequeños de nuestro entorno es como se llena la fuente de inspiración. Y después, cuando empiece a desbordar, se nos ocurrirá desde un poema para el ser amado o un cuento para nuestro blog, hasta el más elaborado y entrincado guión cinematográfico.

Ya lo decían nuestros abuelitos: "De gotita en gotita se llena el cantarito".