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lunes, 10 de marzo de 2008

MUERTES Y OLVIDOS

La mayoría de nosotros crecimos pensando que después de la vida, viene la muerte y después...quién sabe. Depende de la manera en cómo nos hayan educado o de el aprendizaje que hayamos adquirido con el tiempo.
Unos pensarían que el alma es eterna, que al momento de morir se desprende del cuerpo físico y asciende hacia sitios mejores. Otros quizás crean fervientemente que se reencarna en otro cuerpo; y algunos otros pensarán que cuando uno muere, simplemente lo entierran y ahí mismo se va desintegrando hasta desaparecer por completo. A otros tantos ni siquiera les importa.
Lo que me parece claro es que muerte física solo hay una; y este tipo de fallecimiento es el que más secuelas dolorosas deja en los seres queridos que se quedan a seguir recorriendo el camino de la vida. Se extraña quizás la presencia, a veces silenciosa, quizás bulliciosa, o tal vez un poco de ambas. Se echa de menos su voz, su sonrisa y hasta sus enojos.
Sin embargo, existen otros tipos de muerte que son aún peores, tal vez no para los familiares y amigos, pero sí para el supuesto finado: la muerte por olvido y la que sobreviene por rencor.

Cuando nos "matan" de manera simbólica ahí si que no hay mucho qué hacer. Cuando alguien muere, deja por lo menos recuerdos, enseñanzas, en fin, la esencia siempre permanece y así se puede repartir pedacitos del espíritu y del pensamiento entre muchas personas. No es tanto que desaparezca o que se acabe; sino que más bien su presencia es repartida entre los recuerdos de todos sus seres queridos. 
La muerte por olvido o por resentimiento, en cambio, nos desaparece olímpicamente, de raíz y en un solo tajo.

Existen personas que han vivido solas toda su vida; que jamás han logrado tener una relación de amor o de amistad estable por diversos motivos. Al final, un día se despiertan pensando que la vida no es nada; cuando la realidad es que nunca han vivido; simplemente han pasado de un lugar a otro, de una etapa a otra, como vagando. Tal vez éstos sean los verdaderos fantasmas: gente que piensa que está mejor sola, que el mundo es tan poca cosa que no los merece o que los demás seres humanos son "desechables"...para utilizar y tirar.
Estas personas no viven; deambulan por la vida sin dejar ni aportar nada bueno a nadie. Lo único que hacen es vivir su propia muerte, dejando quizás una lágrima aquí, un mal rato por allá....pero nada que pueda permanecer para siempre. Para ellos la vida empieza después de la muerte física.

Otro tipo de fallecimiento es la muerte por resentimientos, rencores o hartazgo. En este sentido, y contrario a la muerte por olvido, se nos mata precisamente por dejar demasiadas cosas malas en nuestro camino. Abusar de la buena voluntad del prójimo, maltratar, humillar, maldecir, o mostrar exceso de indiferencia de manera constante, son algunos de los motivos por los cuales se nos da la banderita de "difuntos" antes de tiempo. Este tipo de muerte suele ser quizás la más dolorosa para el afectado; puesto que a menudo nos sentimos vivos cuando sabemos que existe alguien, en algún lugar que siente algo (lo que sea) por nosotros. Pero cuando nos damos cuenta de que ese "alguien" ya no siente ni siquiera indiferencia, es entonces cuando la procesión empieza su andar en el alma.

Cualquier fallecimiento, sin duda, es desgarrador y muy difícil de superar. Aquí lo interesante es el darnos cuenta de que, contrariamente a lo que nos repitieron toda la vida, la verdad es que sí podemos elegir cómo queremos morir.

De lo que hagamos y seamos durante la existencia depende el tipo de muerte que tengamos; y quizás de todas, la física sea la menos dolorosa.

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