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lunes, 22 de diciembre de 2008

FELIZ NAVIDAD


se acerca navidad, y entre tantos festejos, posadas, regalos, juguetes, reuniones, comidas, arbolitos, luces y demás, hay que hacer un espacio para recordar la importancia y el verdadero significado de estas fechas. Detengamos el reloj cinco minutos para mirar un poco hacia atrás y ser agradecidos. Agradecer por lo bueno y lo malo que tuvimos durante el año. Porque las cosas buenas nos hicieron pasar momentos inolvidables y las malas nos mostraron lo fuerte y sólido de nuestro espíritu, y nos hicieron ver lo mas importante: estamos vivos.

Gracias a Dios y a la vida por un año más. Gracias por tantas sonrisas, por los momentos de paz, por tantas emociones, por la capacidad de amar y ser amados. Gracias, porque a pesar de tantos "no puedo más", "ya estoy hasta el gorro", o "ya me cansé", seguimos de pie, en una pieza, aún en la batalla, aprendiendo día a día a valorar el amor, el respeto y el cariño que nos rodea.

Aprovechemos la alegría desbordante de estas fechas para renovar el espíritu y fortalecer el alma; preparándolos para el año que se avecina, el cual estará lleno de nuevos retos, emociones y dificultades que nos enseñarán nuevamente que aún estamos vivos y contando, como siempre, con el apoyo incondicional de nuestra familia y amigos; que somos fuertes y capaces de reír, de llorar, de enojarnos, de reconciliarnos y hasta de soportarnos, y sobre todo amarnos a nosotros mismos.

Muy feliz Navidad y un nuevo año lleno de emociones y vivencias para atesorar, con amor y cuidado, en nuestras cajitas de recuerdos.

viernes, 19 de septiembre de 2008

LÓGICA, ESTADÍSTICA Y EL CLIMA

De un tiempo a la fecha se ha venido presentando un "fenómeno" bastante curioso en las televisoras locales. A las 7 de la mañana, y en los noticieros de horarios subsecuentes, la persona que da el pronóstico meteorológico suele ser una chica de no mas de 24 años, con curvas voluptuosas y muy poca ropa. ¿Desde cuándo dejó de ser requisito tener conocimientos de meteorología o saber por lo menos lo que es un milibar, para tener la enorme responsabilidad de aparecer a cuadro, dando el pronóstico del clima?...supongo que desde que en una televisora un alto mando irresponsable, inepto y misógino advirtio a sus empleados: "no me interesa si dan bien o mal la información; lo unico que quiero es ver culos y tetas" (sic). La nueva "moda" se extendió desde multimedios hasta Televisa Monterrey; pasando por TvAzteca. Los meteorólogos eficaces y eficientes, pasaron a ser"suplentes" de estas chicas de las cuales se valen para levantar el rating. Pero viendo las cosas con frialdad...¿cuál rating?...

Practiquemos un poco el cálculo, la estadística y sobre todo, la lógica:

De acuerdo con el Instituto Nacional de Información Estadística y Geográfica, INEGI (www.inegi.gob.mx), al 2005 la población nacional total era de 103 263 388; de los cuales, 50 249 955 son hombres y 53 013 433 son mujeres.
De estas cifras tenemos que un 18% de la población nacional son hombres de entre 20 y 44 años; y un 20% son mujeres, en el mismo rango de edad. Ahora bien, si las cosas están tan parejas, incluso a favor de las féminas, ¿A qué público le están apostando los noticieros matutinos, por ejemplo, sus "estrategias" para captar rating? pues nada mas y nada menos que a un cada vez menor porcentaje de personas, por lo general del sexo femenino que son amas de casa; ya que para esa hora, la mayoría de los niños está en la escuela, y el padre de familia sale a trabajar.

Dudo mucho que sea realmente redituable para el medio televisivo, o atractivo para el ama de casa el ver a una chica semi-desnuda dando información del clima, muchas veces sin siquiera pronunciar bien la palabra "barómetro".

De las jovencitas que trabajan en eso, nada tengo que decir. Mucha gente me comenta que ellas son las primeras en permitir tal abuso, y con esto fomentan ellas mismas la discriminación por género, ya que son "utilizadas" por su aspecto y no por sus conocimientos. Lo cierto, es, a mi juicio, que los motivos son muy diversos y personales, algunas lo pueden hacer por el puro y banal placer de aparecer en televisión; otras, quizás, porque fue el único trabajo que encontraron, y algunas, tal vez, por simple necesidad. El caso es que ahondar en el tema de los motivos y las culpas, es meterse en terrenos escabrosos.


Lo cierto es, que si de verdad les interesara su público y disparar el rating de los noticieros matutinos al cielo, en lugar de chicas en bikini, tal vez les convendria más contratar a jóvenes galanes, atléticos y varoniles, enfundados en shorts y playeras ceñidas; despúes de todo, el mayor índice de público a esa hora son mujeres, ¿o no?..
¿Que si esto también es discriminación por género?...quizás si. La diferencia es que la segregación siempre ha sido del hombre hacia la mujer, por los siglos de los siglos, y estamos tan acostumbrados a ella, que en muchos casos (como éste) lo vemos como algo muy natural; pero cuando los papeles se invierten, entonces suele ser muy notorio.

En conclusión, si el medio en cuestión se interesara mas por su público y por la calidad de sus contenidos, habría personas (hombres o mujeres) capacitadas para dar el pronóstico del tiempo (o cualquier otra noticia), y no se dejarían llevar tan fácil y estúpidamente por el "dios rating", quien por cierto, y al parecer, debe ser hombre, y bastante machista además.


Con ideas y conceptos tan retrógradas como el de los responsables de llevar información a los hogares, nuestra maltratada y dolida sociedad avanza, sí, pero hacia un vacío inevitable.

miércoles, 20 de agosto de 2008

OLIMPIADAS DEL ESPÍRITU

Hace algunos años, en un campeonato mundial de fútbol, un reportero preguntó a un jugador mexicano qué expectativas tenía acerca de la competencia. El futbolista contestó con tono seguro: "venimos a ganar el Mundial". La nota dio para mucha tela de dónde cortar, y las burlas no se hicieron esperar. En lugar de aplaudir y admirar la mentalidad con la que el jugador iba a competir, se le trató como si estuviera mal de la cabeza. ¿Por qué? porque no estamos acostumbrados a pensar en grande. En la escuela nos enseñan a trabajar, nos preparan para salir a un mundo lleno de obstáculos y oportunidades, pero jamás nos enseñan a mentalizarnos para aportar un poco más de lo debido.
Muchos años después del incidente antes mencionado, la Selección Nacional ganaba el campeonato mundial en la categoría sub-17. Al preguntarle al entrenador cuál era su "secreto", contestó: "siempre creímos que podíamos ganar. Fuimos por el trofeo y lo conseguimos". Ahí sí, nadie dijo nada. Estaba más que demostrado.

Desafortunadamente, no todos somos como él. Es hasta cierto punto indignante que cuando está por empezar algún torneo (Olimpiadas, Juegos Panamericanos, Mundiales, etc) los medios de comunicación ya nos estén taladrando en la cabeza que "se va a hacer lo que se pueda, y esperemos que hagan un buen papel", pero de ahí no pasa. Nadie menciona que nuestros deportistas pueden ganar medallas, que pueden alcanzar los primeros lugares; sino que más bien parece que se están curando en salud y nos dicen: "no hay que esperar mucho, ya saben que somos un país de mediocres".
Y sí, al parecer pasamos de ser el país del "ya merito" al país de "ahí pa' la otra"; pues es la misma cantaleta que les escucho decir diariamente tanto a deportistas como a comentaristas: "hicimos un gran esfuerzo pero no se pudo. Esperamos que dentro de cuatro años..."

Qué curioso... se siente como un deja vu...me parece haber escuchado la misma frase hace unos cuatro años...y hace ocho.... y hace doce...

Lo más preocupante (pues ya no sé si indignante o risible); es que nos dicen que esperan "hacerlo mejor" dentro de cuatro años...nótese: HACERLO MEJOR, pero no esperen mucho, no esperen medallas. Quizás del lugar 12 se suba al 11, pero hasta ahí.

Y todos los medios se vuelcan en fiesta y algarabía porque nuestros competidores "dieron lo mejor", "hicieron un buen papel" y con eso nos conformamos y hasta se los agradecemos todos.

Son este tipo de personas, los comentaristas, reporteros, cronistas y "periodistas", quienes fomentan aun más la mediocridad y el conformismo; pues no les conviene un público que exija, que se rebele, que piense en grande. No les conviene por una simple razón: se quedarían sin trabajo. Porque en cuanto empezamos a pensar en grande, a tener mayores expectativas, metas más altas, comenzamos también a rebelarnos y a exigir servicios de mayor calidad; esto es lo que les incomoda, ya que tendrían que invertir más en contenidos altamente competitivos; habría que capacitar mejor a sus trabajadores y muchos de los pseudocomunicadores que se sienten grandes estrellas se quedarían en la calle.

Todo tiene un principio y un fin. Si queremos ganadores, hay que empezar por pensar como tales. Nuestros deportistas tendrían que acostumbrarse a entrenar su mente a la par de su cuerpo. En las escuelas y dentro del núcleo familiar, en los medios, en la sociedad en sí, habría que formar líderes, triunfadores. A veces el tener una visión más amplia y perspectivas mayores también es un proceso que se tiene que aprender y practicar diariamente.

Existen muchos ejemplos de vida, de disciplina, de esfuerzo. Historias verdaderas de éxito y orgullo. Se ha demostrado que sí se puede ser mejor, que se puede competir, trabajar duro y triunfar. Entonces ¿por qué seguir insistiendo en que no esperemos mucho, en que se va a "tratar de hacer un buen papel"? ¿Por qué seguir siendo el país del "ahí para la próxima"? ¿Por qué no el "hoy, en este momento voy con la idea de ganar porque para eso me he esforzado"?...


Ejercitar el cerebro y el espíritu para trabajar por algo mejor es un deporte que muy poco se practica hoy en día. Ojalá que para eso también hubiera Olimpiadas...

jueves, 24 de julio de 2008

MIS CINCO MINUTOS

Cuando era niña, no me perdía un solo capítulo de una serie animada japonesa llamada "Candy candy". Me encantaba la historia: fantasiosa, completamente rosa, con tintes de humor y trágica, como solo los japoneses lo podrían hacer.
Hubo una escena en particular que marcó mi vida para siempre. Y lo digo porque aún ahora, varios años después, cada vez que me la topo por algún sitio de la Red, me hace estremecer.

Dicha secuencia es una en la que Terry (el galán de la trama) se encuentra en un hospital cuidando a su convaleciente amiga Susana, quien está enamorada de él, y pierde una pierna al salvarlo de una muerte segura; motivo por el cual el hombre, en agradecimiento y por el cargo de conciencia, decide renunciar al amor de su vida (Candy) para quedarse con Susana. En el nosocomio, por azares del destino cruel y despiadado, se encuentra también Candy, quien al enterarse de la situación decide también dejar de ver a Terry para que haga feliz a Susana.
De manera que Candy se despide amablemente de ambos deseándoles felicidad eterna (aunque por dentro se siente morir), y sale apresuradamente.

La escenita que me desgarra el corazón es cuando ella baja corriendo la escalera y Terry la persigue. No la quiere dejar ir...es el amor de su vida...y aunque imposible, no puede dejarla ir... En un momento dado, la alcanza, la toma por la cintura y ella se queda sin aliento. Así transcurren unos segundos hasta que Terry decide soltarla, dejar que se vaya y decirle adiós para siempre.

Sí...Candy Candy y series como esta suelen sacar un poco de la cursilería, el romanticismo, y el dolor de alguna que otra vieja herida que todos llevamos dentro.

Comparto con ustedes estos pocos minutos de sensibilidad en un video que encontré en youtube; mismo que, a partir del minuto 1:59 y hasta el 2:13, contiene la susodicha escena comentada líneas antes.

Las imágenes hacen recordar aquella época de inocencia e ingenuidad; y la canción...ni se diga, queda perfecta y a cualquiera se le eriza la piel tan sólo de escucharla (próximamente la estaré programando en RadioBloggera).

Todos tenemos derecho a nuestros 5 minutos de...(cursilería, romanticismo, remembranzas, abrir heridas...lo que ustedes quieran). Aquí les comparto los míos.

Les dejo el video para que lo disfruten...o lo sufran...o las dos cosas...mientras me voy de vacaciones. Gracias por sus visitas y más aún por sus comentarios y/o correos!!


domingo, 29 de junio de 2008

¿...Y QUÉ PASARÍA...?

¿Qué pasaría si un día descubres a tu pequeña rayando la pared; pero esta vez en lugar de reprenderla, le pides que te comparta un lápiz de color para dibujar tú también?
¿Qué si uno de estos días, tu niño toma la manguera y se moja, pero en vez de correr a ponerle ropa seca y reprocharle, te mojas junto con él?
¿Y si uno de esos días pesados de escuela tus hijos te pidieran tomar el postre antes de la comida; y lejos de negárselos, tomas uno tu también?
¿Se caería el mundo en pedazos, quizás, si de repente se quedan una hora mas tarde despiertos en la noche, solo para compartir las palomitas y una linda película contigo?
Quizás no tengamos tiempo de hacernos éstas y tantas otras preguntas; pero nuestros hijos, seguro que alguna vez lo piensan.

¿Que pasaría?... la verdad...nada. Lo único que podría pasar es que volvamos a ser niños, que recordemos aquel cosquilleo en el estómago y esa emoción especial de hacer alguna travesura.
¿Que pasaría?...que por un momento nos volveríamos menos padres y mas amigos de nuestros niños.
¿Que pasaría?...que tal vez nos diéramos cuenta de lo pequeño y a la vez enorme que puede resultar el mundo al lado de ellos.
Pasarían muchas cosas, y a la vez ninguna.
Pasaría que nos importaría mucho mas escuchar la carcajada sincera de un pequeño que tener la pared reluciente. Nos gustaría sobremanera verlos felices, concentrados en la trama de un programa y llenándose de palomitas, en lugar de contemplar su sueño tranquilo y sereno; y disfrutaríamos sin duda, el dulce sabor de un delicioso postre, más dulce aún en compañía de los hijos.
¿Que pasaría si nos diéramos cuenta de que un simple limpiador concentrado puede volver a dejar las paredes deslumbrantes; pero no puedes volver a dejar sin mancha alguna la confianza de un niño después de un golpe o un regaño por demás severo?
Es imposible volvernos niños a diario. Es imposible permitirles hacer lo que se les antoje. La disciplina es necesaria y hasta cierto punto indispensable. Sin embargo; ¿ha de ser siempre así?...permitirnos un día, un momento, un instante tan solo para dejar de ser sus padres y convertirnos en sus mejores amigos...¿sería tan malo?....

No; el mundo no se acabaría. La vida seguiría su curso y el destino trabajaría igual. Entonces...¿qué podría pasar?...
Quizás lo peor que podría suceder es que nos gustara. Que nos fascinara tanto ser niños de nuevo, que nos emocionara más de lo debido el reír junto con ellos. Tal vez por eso los papás no nos permitamos entrar mucho a ese mundo infantil. No querríamos salir nunca de ahí..

...¿Y si lo intentamos una vez...una sola vez?...

jueves, 29 de mayo de 2008

ADICTOS AL DRAMA

Existen en el mundo diversos tipos de adicciones. Hay adicción al alcohol, al cigarro, al sexo, y a cosas tan comunes como las películas, los dibujos animados, el Internet o la comida. De hecho, hoy en día casi cualquier cosa puede causar adicción; sin embargo, la mayoría de éstas son ocasionadas por agentes externos o sustancias que de alguna manera consume el organismo.

Entre los ires y venires de la vida y del destino, pasamos por diversas situaciones, a menudo repetitivas, que nos tienen en un estado de constante tensión. Quizás nos preguntemos el motivo por el cual las personas que nos rodean son injustas con nosotros, o tal vez nos intrigue el hecho de que nuestras relaciones estén siempre marcadas por una tendencia a lo problemático y condenadas al fracaso. Todas estas cuestiones tienen una respuesta que puede ser tan simple como desconocida a la vez: la adicción al drama.
A diferencia de todas las demás, la adicción al drama se caracteriza por el hecho de que el estímulo que se necesita no lo consume, sino que lo produce el mismo organismo y suele desarrollarse en mayor intensidad durante las relaciones de pareja; aunque no por ello se excluye el ámbito familiar, de amistad, laboral o cualquier relación interpersonal en sí.
Cuando un adicto de este tipo se encuentra inmerso en un noviazgo o matrimonio, por lo general se convierte en una relación bastante difícil, pues las discusiones sin sentido están a la orden del día; lo cual provoca en su pareja un estado de constante alerta, jugando siempre a la defensiva.
En muchos casos, aun cuando la relación se está terminando por uno u otro motivo, el adicto al drama busca por todos los medios retener a la pareja, pues se niega a quedarse solo en aquel vacío atemorizante sin alguien que le provoque las emociones que ahora siente. Lo que realmente busca es que su cerebro siga produciendo esa sustancia que haga fluir toda esa adrenalina; de manera que hará hasta lo imposible por no romper la relación, llegando incluso a niveles tan bajos como el chantaje, las amenazas o la agresión a sí mismo o a su pareja; provocando con esto que la tensión vaya en aumento.

Los adictos al drama tienden a victimizarse, a empezar discusiones de la nada; y aunque su pareja busque por todos los medios mostrar conductas que no lo alteren, sus esfuerzos serán completamente en vano pues lo que el otro quiere es precisamente lo contrario, de manera que siempre buscará (y seguramente encontrará, o fabricará) un motivo para alterarse.

Cuando por fin se da por terminada una relación, el adicto entonces puede reaccionar de dos maneras: la primera de ellas, y la más común, es buscarse otra pareja que logre satisfacer su necesidad de "sobresalto", para después sentirse un tanto mártir y decir, quizás, que no tiene suerte en el amor o que todas sus parejas han sido seres perversos sin sentimientos ni compasión por su persona. Se compromete nuevamente y la historia vuelve a comenzar.
La segunda reacción que puede tener después de una ruptura es el acoso; lo cual es bastante más peligroso por los problemas que implica. El adicto empieza a buscar a su ex, le llama de día o de noche, lo visita en su casa o en su trabajo, le manda cartas, correos o mensajes, va a los sitios que sabe que frecuenta, etc. Todo esto con el fin de darle a su vida la "motivación" que necesita y no sentir el vacío. Añora aquella exaltación y las alteraciones que le provocaba esa relación y por lo tanto se propondrá reanudarla a como dé lugar.

Los adictos al drama suelen confundir el amor con la necesidad imperiosa de sentir ciertas emociones. Su objetivo por lo general es encontrar un detonador que haga fluir esa sustancia intoxicante, y éste lo puede hallar ya sea en su pareja, en sus padres, hermanos, hijos, amigos, etc., y el anhelo implícito de sentirse víctima lo hará preguntarse por qué se rodea siempre de personas que él considera "problemáticas"; o tal vez gritará a los cuatro vientos que todo el mundo está en su contra y no dejará de recordarle al otro lo incomprendido y miserable que lo hace sentir; cuando en realidad es todo lo contrario: le está satisfaciendo una necesidad, aunque ni él mismo se dé cuenta de ello.

El drama coexiste con todos y cada uno de nosotros de manera cotidiana: en nuestras familias, en los programas de televisión, en los libros y hasta en nuestras canciones y música favoritas. No suele ser un gran problema, mientras lo sepamos manejar y controlar; lo peligroso empieza cuando, sin darnos cuenta, estas sensaciones se van apoderando de nuestra voluntad hasta el punto de fundamentar la vida, acciones y actividades en la satisfacción de la alteración constante de las emociones.

Ante todo esto, quizás deberemos reflexionar un poco y pensarlo un par de veces la próxima vez que deseemos iniciar discusiones de la nada o quejarnos continua y amargamente de la gente que nos rodea o de la vida que llevamos. No sea que se nos pueda convertir en una de las peores y más mordaces y desgastantes adicciones: la adicción al drama.

viernes, 9 de mayo de 2008

MAMÁS DEL SIGLO XXI

Cuando tomamos en los brazos por primera vez a nuestros hijos, suelen pasar muchas cosas por la cabeza. Una de las principales: la duda... ¿seremos realmente capaces de criar un hijo?...
Conforme va pasando el tiempo y vamos superando los problemas y adversidades que se nos presentan, nos damos cuenta de que sí, efectivamente, somos capaces de ello y de mucho más. Y no es únicamente que "podamos" hacerlo, sino que "tenemos que" lograrlo.

En una ocasión escuché a alguien decir que las mujeres no enfrentamos nada; y que buscamos siempre la ayuda y el apoyo de los hombres para resolver nuestros problemas. Al escuchar esto, me limité a sonreír para mis adentros con cierto sentimiento de lástima por el pobre ingenuo que había dicho semejante idiotez.
De ninguna manera generalizo, pero lo cierto es que muchos hombres no serían capaces de cargar en su vientre el peso de un bebé y aún así realizar las tareas cotidianas; muy pocos son los que aguantan hacer todos los cambios de pañal del día, y podría asegurar que hasta los mas valientes se darían por vencidos al segundo o tercero.
Muchos de ellos no tienen la ternura y a la vez la fortaleza, e incluso el carácter y la autoridad cuando es necesario manejarla; y definitivamente son contados los que son capaces de combinar la educación de los hijos con el ambiente laboral.

Aún en nuestros días, cada diez de mayo nos invaden imágenes conmovedoras de la clásica madre abnegada, sufrida, sacrificada, resignada y hasta sumisa; cuando la verdad es que las mamás, de todos los tiempos y de diferentes épocas siempre hemos sido mujeres fuertes para soportar la carga de ser el pilar de un hogar, valerosas para enfrentar cada problema que se nos presenta y resolverlo con prontitud, ambiciosas para desear y procurar lo mejor para nuestros hijos, y de carácter para enfrentarnos a lo que sea y a quien sea con tal de dar un buen ejemplo y salvaguardar la integridad de nuestras familias.

Existen bastantes películas cuya trama gira en torno a estas "pobres" mujeres que dedican su vida y su propia identidad, gustosas y mártires al cuidado de los hijos que a menudo son bastante malagradecidos. Estas películas por lo general, invaden las pantallas de televisión en los días previos al día de las madres; y cada vez que por casualidad me topo con una de ellas, mi reacción es la misma que describí unos renglones arriba: sonrío y siento lástima por los guionistas y productores que no saben que ser madre es, la mayoría de las veces, toda una aventura; una experiencia tan vívida y emocionante, llena de acción, drama, comedia y hasta de suspenso. En fin, es algo tan fuera de serie y a la vez tan cotidiano, que sería imposible escribir un guión sobre ello.

El carácter y la fuerza interior no son características de alguna generación o de una época en sí; son dones que las mamás desarrollamos de una manera vertiginosa y a caudales. De no ser así, entonces todas, hasta las que ahora son abuelitas, seríamos madres del siglo XXI.

Muchas Felicidades, mamás!!


miércoles, 23 de abril de 2008

LIBERTAD PARADÓJICA

Cuando somos niños deseamos con todo el corazón llegar a ser mayores. Los niños se ponen los zapatos del papá, las niñas se maquillan como la mamá, y de cuando en cuando el comentario a manera de lamento se hacía presente "¡cómo quisiera ser grande, para hacer lo que yo quiera!".
Y es que de pequeños, el mundo nos parece tan enorme... tan vasto e infinito, que soñamos con explorarlo, conquistarlo y construir el propio. Pensamos que la etapa infantil está llena de restricciones y prohibiciones, y que en cuanto alcancemos nuestra mayoría de edad seremos "libres" y podremos hacer lo que nos plazca sin nadie que esté siempre detrás reclamando nuestra desobediencia o diciéndonos lo que debemos hacer.
Y a medida que vamos creciendo, nos vamos dando cuenta también de que no es tan fácil empezar a tomar el control de nuestra vida. Empezamos a darnos cuenta de la realidad que nos rodea, de lo difícil que es salir adelante, trabajar, alcanzar metas, construir sueños.
Así, llegamos a la madurez solo para constatar lo paradójico de la situación: la etapa llena de prohibiciones no es la niñez.

Los niños lloran si se lastiman, si algo les duele o si tienen miedo; y al llorar, desahogan su pena al mismo tiempo que logran que su papá o mamá o tutor corra a buscar la fuente de dicho malestar para aniquilarla y salvar así ese momento de angustia. A los adultos se nos está prohibido (salvo en casos extremos) demostrar diversos sentimientos. Existen reglas y normas no escritas pero sí implícitas que nos impiden llorar por miedo o por dolor; aunque dichos sentimientos sean igualmente intensos (o más) que cuando éramos niños. Nadie suele venir en nuestro auxilio durante momentos de angustia. Si nos enfermamos, nos curamos solos. Si tenemos miedo, nos lo aguantamos y seguimos adelante.
De pequeños, no tenemos que preocuparnos por revisar si hay monstruos o fantasmas en el closet, o debajo de la cama; ése es trabajo de mamá o papá. Los adultos dormimos con nuestros propios fantasmas y demonios acompañando nuestro sueño, y si esto nos perturba, simplemente no dormimos; pues ni el poderoso Morfeo se atrevería a desafiarlos.

Nos cansamos de escuchar a nuestros padres decirnos cosas como: "Ya lo pagarás cuando tengas tus hijos"...cada vez que hacíamos alguna travesura o nos portábamos verdaderamente mal; y ante tal comentario no hacíamos más que suspirar y encogernos de hombros.
Pero cuando descubrimos a nuestro hijo completamente concentrado, haciendo rayones con un lápiz de color, decorando las paredes de la casa, sintiéndose un Dalí; en seguida vuelven a nuestra mente aquellas sabias palabras que ahora más parecen una profecía cumplida; y cuando nos sentamos al lado de la cama de nuestros pequeños; velando por ellos, preocupados por alguna enfermedad que los aqueja, con aquella desesperación y frustración de no tener el poder de sanarlos con un toque o con una varita mágica, es entonces cuando, en el silencio de la noche, entre el cansancio del día y la tensión que nos provoca, no hacemos mas que recordar lo bien que se sentía ser niño....ser "libre"....Entonces deseamos ver a nuestro hijo nuevamente como un remolino, aunque a veces sea un dolor de cabeza. Y le prometemos en silencio, quizás conteniendo una lágrima, que si hace un esfuerzo y se mejora, le compraremos diez cajas de colores y le daremos una pared completa para que realice sus "obras de arte" como mejor le parezca.

De todo esto podemos deducir entonces que a menor edad, mayor libertad de reír, de llorar, de demostrar lo que sentimos, de temer, de soñar...
Hay una frase muy conocida que dice: "cuidado con lo que deseas, porque se te puede cumplir"...En este caso yo quizás la cambiaría por: "cuidado con lo que deseas, porque cuando se te cumpla, tal vez no te gustará".

Mientras crecemos, puede ser que vayamos perdiendo y dejando muchas cosas en el camino; pero también vamos agregando experiencias y nuevas vivencias que más tarde podremos compartir con nuestros hijos; y así, en una de las tantas discusiones que tendremos con ellos les hagamos saber que algún día lo pagarán cuando tengan a sus hijos....Y después de decir esto, sabremos que cuando suceda, nos recordarán quizás con una sonrisa de resignación, como lo hacemos nosotros con nuestros progenitores.
Es cierto, cuando crecemos, perdemos libertad... pero ganamos un magnífico reencuentro con nuestros padres y nuestras raíces.

¿Valdrá la pena entonces crecer e ingresar a un mundo lleno de limitaciones?...Yo creo que, si gracias a eso podemos volcar todo nuestro amor en los pequeños Picassos, supermanes o luchadores que tenemos en casa; así como aprender a valorar, querer y respetar la dedicación de nuestros padres, definitivamente sí, vale la pena.

*Dedicado especialmente para mi Valeria...esperando que se mejore pronto!

domingo, 6 de abril de 2008

SINDROME DEL AMA DE CASA

Aunque parezca extraño, uno de los trabajos de más riesgo para la salud física y mental es el del ama de casa.
Muchísimas mujeres alrededor del mundo padecen una serie de trastornos y enfermedades "invisibles" que conllevan un importante riesgo para ellas y para quienes las rodean.
La depresión, los trastornos obsesivo-compulsivos, el dolor en las articulaciones, la ansiedad y muchas otras cosas más son causadas por una enfermedad común pero ignorada llamada "síndrome del ama de casa".
Este padecimiento lo viven día a día millones de mujeres, sin que puedan hacer algo al respecto.
Muchas veces hemos visto casinos repletos de señoras jugando, otras fumando sin parar en algún restaurante; y a menudo quizás nos hemos preguntado por qué será que los puestos de lotería de los mercados permanecen operando hasta altas horas de la noche. Comentarios como "viejas fodongas, que se vayan a su casa a atender al marido en lugar de estar jugando", o "Mira nada más, cuánta mujer viciosa" son bastante frecuentes en cualquiera que haya visto una situación similar.
Lo que jamás escucharemos es que se pregunten el por qué. No es tan simple como parece. Para criticar solemos ser muy raudos, pero jamás tomamos en cuenta el arduo trabajo que ellas realizan día con día. Un trabajo monótono, pesado, y por desgracia muy poco valorado y hasta desagradecido.
El lidiar día a día con los hijos, los problemas de la casa, el marido, las tareas de limpieza, no es muy motivador que digamos; no es lo mismo levantarse en las mañanas para salir a trabajar, a enfrentar nuevos retos, a conversar con personas adultas afines a nuestros intereses, que despertar solo para hacer exactamente lo mismo del día anterior: tomar la escoba, el trapeador, lavar trastes, etc. No hay retos como cuando se ejerce una profesión; no hay un equipo de trabajo, y mucho menos reconocimiento alguno. En casos extremos, llega a haber incluso violencia como respuesta a labor realizada durante el día.

Dentro de los padecimientos que se pueden dar en un ama de casa están también las adicciones; puesto que la frustración de sentirse un tanto prisionera en un trabajo tan demandante y rutinario suele buscar rutas alternativas de salida y muchas la canalizan a través del juego, del cigarro, del alcohol o de diversas manías como el exceso de limpieza, por ejemplo.
Enfermedades como hipertensión, fatiga crónica, disminución del apetito sexual, irritabilidad o cefaleas suelen ser causadas por este síndrome a consecuencia de el exceso de trabajo, la rutina y la falta de reconocimiento.
Por supuesto que si dicha situación no es detectada y atendida a tiempo, las consecuencias pueden ser aún mas drásticas; pues el deterioro de la convivencia familiar comenzará a hacerse presente, así como las crisis de pareja e incluso el suicidio.
¿Qué hacer ante una situación que existe, persiste, es más común de lo que quisiéramos, pero casi nadie sabe de ella?
Quizás empezar a ver a estas valientes mujeres como seres pensantes, fuertes, inteligentes y capaces. Tal vez retribuirles un poco de lo mucho que se esfuerzan; algún detalle, un gesto de agradecimiento o admiración hacia su trabajo no cuesta mucho, nunca está de más y puede ayudar bastante.

El hombre está acostumbrado a pensar que trabajar fuera de casa es mucho más pesado e importante; motivo por el cual siente que después de trabajar ocho horas, tiene todo el derecho a ser atendido por la esposa, ya que, después de todo, ella "se la pasó todo el día cómodamente en casa". Desafortunadamente muchos están educados bajo estos preceptos y por ello les es tan difícil aceptar que quizás su trabajo no sea tan desgastante como el de ella; y sin embargo a quien se lo remuneran es a él.
Es por eso que para poder comprender en su justa dimensión esta realidad que viven muchas mujeres, se vuelve necesario, y yo diría que hasta indispensable, el tener una mente abierta, objetiva y analítica; dejando de lado la eterna "guerra de sexos" así como el egocentrismo para mostrar un poco de empatía y entonces entender y compartir este problema con la pareja.
El tener siempre un canal de comunicación abierto para sus pensamientos o sentimientos; así como buscar tiempo libre para realizar alguna labor que sea de su agrado como leer, escribir, ejercitarse, bordar, estudiar, etc puede convertirse en un aliciente.
El hecho de sentirse comprendida, valorada, apoyada y amada, disminuye la frustración y la tensión; aumentando así la motivación y el entusiasmo para realizar las labores cotidianas.
Es importante tratar de romper la rutina de vez en cuando.

Seguro que a partir de que nos damos cuenta de los padecimientos que puede tener una persona por el "simple" hecho de ser ama de casa, lo pensaremos dos veces antes de hacer un comentario despectivo al pasar por una lotería.

Mantenernos informados y alertas no suele ser difícil. Y quizás lo paradójico, y a la vez lo mas sobresaliente es el hecho de que cuando estamos conscientes de que el síndrome del ama de casa existe y lo padecen muchas personas, entonces un abrazo, un beso, una rosa, un "gracias" o un "te quiero" podrían salvar miles de matrimonios, de familias, de mujeres.
Es curioso....yo creo que nadie jamás imaginó que fuera tan simple salvar una vida.

lunes, 10 de marzo de 2008

MUERTES Y OLVIDOS

La mayoría de nosotros crecimos pensando que después de la vida, viene la muerte y después...quién sabe. Depende de la manera en cómo nos hayan educado o de el aprendizaje que hayamos adquirido con el tiempo.
Unos pensarían que el alma es eterna, que al momento de morir se desprende del cuerpo físico y asciende hacia sitios mejores. Otros quizás crean fervientemente que se reencarna en otro cuerpo; y algunos otros pensarán que cuando uno muere, simplemente lo entierran y ahí mismo se va desintegrando hasta desaparecer por completo. A otros tantos ni siquiera les importa.
Lo que me parece claro es que muerte física solo hay una; y este tipo de fallecimiento es el que más secuelas dolorosas deja en los seres queridos que se quedan a seguir recorriendo el camino de la vida. Se extraña quizás la presencia, a veces silenciosa, quizás bulliciosa, o tal vez un poco de ambas. Se echa de menos su voz, su sonrisa y hasta sus enojos.
Sin embargo, existen otros tipos de muerte que son aún peores, tal vez no para los familiares y amigos, pero sí para el supuesto finado: la muerte por olvido y la que sobreviene por rencor.

Cuando nos "matan" de manera simbólica ahí si que no hay mucho qué hacer. Cuando alguien muere, deja por lo menos recuerdos, enseñanzas, en fin, la esencia siempre permanece y así se puede repartir pedacitos del espíritu y del pensamiento entre muchas personas. No es tanto que desaparezca o que se acabe; sino que más bien su presencia es repartida entre los recuerdos de todos sus seres queridos. 
La muerte por olvido o por resentimiento, en cambio, nos desaparece olímpicamente, de raíz y en un solo tajo.

Existen personas que han vivido solas toda su vida; que jamás han logrado tener una relación de amor o de amistad estable por diversos motivos. Al final, un día se despiertan pensando que la vida no es nada; cuando la realidad es que nunca han vivido; simplemente han pasado de un lugar a otro, de una etapa a otra, como vagando. Tal vez éstos sean los verdaderos fantasmas: gente que piensa que está mejor sola, que el mundo es tan poca cosa que no los merece o que los demás seres humanos son "desechables"...para utilizar y tirar.
Estas personas no viven; deambulan por la vida sin dejar ni aportar nada bueno a nadie. Lo único que hacen es vivir su propia muerte, dejando quizás una lágrima aquí, un mal rato por allá....pero nada que pueda permanecer para siempre. Para ellos la vida empieza después de la muerte física.

Otro tipo de fallecimiento es la muerte por resentimientos, rencores o hartazgo. En este sentido, y contrario a la muerte por olvido, se nos mata precisamente por dejar demasiadas cosas malas en nuestro camino. Abusar de la buena voluntad del prójimo, maltratar, humillar, maldecir, o mostrar exceso de indiferencia de manera constante, son algunos de los motivos por los cuales se nos da la banderita de "difuntos" antes de tiempo. Este tipo de muerte suele ser quizás la más dolorosa para el afectado; puesto que a menudo nos sentimos vivos cuando sabemos que existe alguien, en algún lugar que siente algo (lo que sea) por nosotros. Pero cuando nos damos cuenta de que ese "alguien" ya no siente ni siquiera indiferencia, es entonces cuando la procesión empieza su andar en el alma.

Cualquier fallecimiento, sin duda, es desgarrador y muy difícil de superar. Aquí lo interesante es el darnos cuenta de que, contrariamente a lo que nos repitieron toda la vida, la verdad es que sí podemos elegir cómo queremos morir.

De lo que hagamos y seamos durante la existencia depende el tipo de muerte que tengamos; y quizás de todas, la física sea la menos dolorosa.

jueves, 28 de febrero de 2008

RIESGO CALCULADO

Todos sabemos que existen oportunidades que solo se presentan una vez o muy pocas veces en la vida.
Con frecuencia nos dicen que debemos estar atentos para que cuando eso suceda no la dejemos escapar sin tomarla. Sin embargo; nadie nos dice jamás que hay otro tipo de oportunidades: las de NO tomar esos destellos de aparente buena suerte que nos iluminan muy de vez en cuando.


A menudo, existen disyuntivas o caminos diferentes a los que llegamos y no sabemos cuál elegir. Quizás uno de ellos nos parezca más prometedor que el otro; tal vez sea mucho mas atractivo, iluminado o lleno de diversiones. Sin embargo, aun en esas situaciones, se debe pensar y sobre todo actuar con la cabeza fría, pues nunca se sabe el giro que podría tomar el destino engañoso y traicionero.


Tomemos por ejemplo el caso de un hombre que después de un buen tiempo y con mucho sacrificio de por medio, logra reunir el último pago de su automóvil nuevo. Camino a saldar la deuda, se le presenta de repente una oferta difícil de rechazar: Un auto más nuevo, quizás de mejor marca, en "cómodas mensualidades" y cuyo precio es realmente una ganga. El hombre duda, sin embargo, su coche ya no le parece tan atractivo como el que le ofrecen. El vendedor incluso le ofrece tomar a cuenta su auto "para que se anime".
La oportunidad sin duda es única, el precio, quizás inmejorable; pero mirando un poco en retrospectiva, el hombre recuerda cuánto tuvo que pasar para saldar por fin su deuda, y lo mucho que le gustaba conducir su vehículo todas las mañanas al trabajo. Después de pensarlo un poco, el hombre rechaza la oferta y deposita el último pago de su automóvil. Esa noche no duerme pensando que tal vez dejó ir la oportunidad de su vida. Dos días después pierde su trabajo por recorte de personal. Es entonces cuando piensa que no pudo haber tomado mejor decisión. De lo contrario, ahora además de desempleado, tendría una deuda enorme qué pagar, la cual iría creciendo día con día, minando su existencia.

El libre albedrío se nos da, no solo para "aprovechar" las ofertas que se nos presenten en la vida como únicas e inmejorables, sino también para saber decir "no" cuando es conveniente hacerlo.
Tal vez haya muchas cosas que comparadas con otras, no sean tan atractivas ni tan buenas; pero quizás a la larga, nos traigan muchos más beneficios.

El pensar a largo plazo siempre ayuda a la toma de decisiones de este tipo. Sin embargo y desafortunadamente, es una costumbre muy poco practicada. Solemos pensar en el aquí y ahora...tal vez en el mañana, pero nunca en un futuro un tanto lejano o que quizás consideramos ajeno a nosotros y a nuestro entorno.

Hay decisiones importantes que requieren pensarse detenidamente; y hay oportunidades únicas que nos obligan a reaccionar de manera mucho más rápida. En ambas ocasiones siempre es bueno mantener la mente muy abierta a todas las posibilidades, y sobre todo, jamás dejarnos llevar por lo deslumbrante que pueda ser una oferta repentina. No olvidemos que toda decisión importante conlleva un riesgo calculado; este principio debe aplicarse incluso para las decisiones tomadas repentinamente, pues el riesgo existe siempre, aunque la oportunidad sea única.

En una situación de disyuntiva quizás uno de los caminos parezca ser menos vistoso; pero tal vez sea mucho más fácil de recorrer, o sea un verdadero atajo para alcanzar lo que buscamos.

La ruta que nos trazamos muchas veces es simplemente imposible de cruzar; es por eso que jamás hay que aferrarse a seguir por un sendero cuando éste no nos conduce a buen destino.
La vida sin duda da bastantes vueltas, pero si estamos atentos y preparados para tomar las oportunidades que nos convengan y rechazar las que "nos sobren" por inmejorables que parezcan, quizás al final de cuentas el cielo no se llene de tantos arrepentidos.

martes, 12 de febrero de 2008

LA VIDA DENTRO DE UNA CAJA

Esta es una cajita de recuerdos. Aunque parezca pequeña, alberga las memorias de toda una vida. Hay cajas que son muy grandes, otras de tamaño regular. Hay algunas que parecen estar vacías, pero en realidad su contenido se encuentra en algún compartimento escondido y olvidado. Todos tenemos una de éstas; aunque algunos prefieran esconderla en lo más oscuro y recóndito...y otros quizás acuden a ella con frecuencia acariciando su interior con una buena dosis de melancolía y nostalgia. Muchos no pueden vivir sin ella, y otros no pueden vivir con ella.
Las cajas de recuerdos no se pueden desechar; aunque el contenido quizás con el tiempo se llegue a diluir. Es necesario acudir a ellas con frecuencia, a veces en busca de algún dato que nos pudiera ayudar en el presente, o simplemente para valorar lo que ahora nos rodea.
Para dicho proceso, es necesario recorrer toda una vida, y peregrinar por cada una de las etapas con las que hemos ido llenando la cajita.

La mía, por ejemplo, está llena de vivencias que atesoraré por siempre. Así comienzo mi camino en un apartado en donde guardo con cariño y alegría las vacaciones en familia, los recuerdos de una niñez encantadora, de las tardes de ensayo en el coro de niños, o de cuando miraba muy atenta la manera en la que mi hermana Rebeca ataba fuertemente la cuerda y una llanta al barandal de la terraza para hacer un columpio; mismo que no alcanzaba a comprender cómo soportaba el peso de los hermanos mayores y las inclemencias del tiempo, tomando en cuenta que había sido atado por una niña de aproximadamente 7 u 8 años.

Los recuerdos de la adolescencia son también muy variados; está por ejemplo la tarde aquella en la cual azotaba una tormenta, y dentro del salón de clase, mirábamos aterrados cómo se tambaleaba un inmenso árbol hacia nosotros, mientras escuchábamos los truenos ensordecedores; que lograban opacar los gritos de auxilio de las compañeras que se encontraban afuera. Todo esto contrastaba con el gesto siempre ecuánime e inexpresivo el profesor Guzmán, quien a pesar de la tempestad, no se inmutaba, continuando con su cátedra de siempre.
Por ese tiempo, está también presente, como si hubiera sido ayer, el día en el cual mi muy querida amiga Karina tuvo a bien intentar mostrarme algo que ocurría afuera del salón, y para tal efecto, se vio obligada a hacer uso de la "fuerza bruta" empujando mi cabeza hacia "afuera" (según ella); sin embargo atinóle exactamente en el momento en que mi frente se encontraba justo frente al barrote del marco de la ventana, propinándome un severo y estruendoso impacto. Recuerdo claramente que el maestro de ciencias naturales decidió que era imperativo que saliéramos del aula, puesto que Karina no podía contener su hilaridad, y el chipote de mi frente se hacía cada vez más notorio y prominente.

Continúo mi andar hurgando entre los recuerdos de la prepa; los cuales son bastantes y muy diversos también. Está por ejemplo el día en que nos salieron mal las cuentas (el profesor de mate al parecer no hacía muy bien su trabajo)y tuvimos que salir de un restaurant pasando por alto el pequeño detalle de pagar la cuenta. Y qué decir de nuestros compañeros superhéroes "Caguamán" y su fiel compañero "Medianita"; quienes hacían nuestra vida académica más alegre y llevadera.
Ya para el final de los días de preparatoria, guardé tambien algunos recuerdos de una época de amores y desengaños, aquellas tardes interminables en casa, sentados en el piso con mi amiga Gina, y Juan, con quien viví y compartí sentimientos, dolores, alegrías, y una que otra locura. Fue un período de descubrimientos; pues Juan pasó de ser el odioso insoportable a quien estaba acostumbrada a tratar, a convertirse en mi mejor amigo (hasta la fecha). En esa época era común salir con Gina, y cuando llegaba pidiéndome que la acompañara a devolver un libro a casa de una amiga que vivía "aquí bien cerquita", ya sabía yo que había que ponerse zapatos cómodos y armarse con botellas de agua y con bastante paciencia, porque la travesía seguramente sería larga y trabajosa.

Ya en la universidad, pues cómo olvidar las veces que nos juntábamos en casa a ver películas y comer sándwiches; reunines de las cuales yo siempre me enteraba al final, a pesar de ser la "anfitriona". Y ni hablar de cuando conseguía boletos para las obras de teatro en las que participaba mi hermana; entre Vero, Elsa, Chuy, Víctor, Richie, Janette, Carmen, los que escapan a mi memoria, y yo, llenábamos una o dos filas de butacas enteras. Quizás lo más sobresaliente de esos tiempos fueron las famosas pijamadas, o cuando nos juntábamos Elsa, Vero y yo para "estudiar" y terminábamos platicando tonterías, o tomándonos fotos igualmente estúpidas, pero que quedaron para la posteridad. Y ni cómo olvidar las sabias palabras de mi maestro de fotografía: "después del siete, todo es vanidad"...

Me detengo a descansar en el camino, observando el negocio que abrí hace algunos años; y no puedo evitar reír un poco mirando la rizada y sedosa cabellera de mi amigo y vecino de local, Israel, ondear al compás del viento que arroja el aire acondicionado del lugar. Y definitivamente no puedo pasar por alto el primer y hermoso alaciado que me hizo Marlene, o el debate entre los tres acerca de los jabones de mayor calidad: Rosa Venus o Jardines de California.
Y así, en este largo recorrido llego nuevamente al presente, pasando por una hermosa y emotiva boda; una corta pero sustanciosa temporada viviendo en el centro del país; una familia política que me acogió como nadie y a la que adoro como si fuera propia; dos embarazos difíciles y otras tantas cosas más.

Hoy me encuentro nuevamente reacomodando mi cajita de recuerdos. Cada cierto tiempo hay que organizarla, y sacar lo que ya no sirva como el jardinero que corta toda mala hierba de raíz.
Hoy regreso del lugar donde guardo mis tesoros mas valiosos, y me encuentro nuevamente en mi casa, con una familia que es la luz de mi vida; y sabiendo que puedo contar aún con los protagonistas de tantos y tantos recuerdos: mis amigos...a algunos ya casi no los veo, pero sé que andan por ahí. Con otros, nos escribimos correos de vez en cuando, o nos mandamos cadenitas o mensajitos cursis en Power Point; los cuales jamás suelen ser tan importantes como el hecho de que el remitente se acordara de compartirlo con nosotros. A veces, nos hablamos por teléfono cuando tenemos dudas, necesitamos consejo o simplemente tenemos ganas de platicar y reírnos un rato.

Tal vez con el tiempo hemos cambiado en algo o en mucho. Lo que definitivamente jamás cambia son las vivencias. Los momentos que compartimos en una época y la confianza que nos tenemos.
Tampoco cambia el hecho de seguirnos sintiendo amigos, a pesar de los años.
Cierro mi cajita de recuerdos, como siempre, sin candado, para dejar entrar (y casi nunca salir) las experiencias que se vayan acumulando. La guardo en el lugar de siempre, a la vista y muy cerca del alma para cuando sienta la necesidad de abrirla nuevamente; y regreso a mis actividades cotidianas, con una sonrisa y una cierta expresión de dulce melancolía en el rostro.

Finalmente, habiendo compartido con mis amigos esta jornada de recuerdos, Agradezco a Dios por seguirlos conservando; silenciosamente, quizás, derramo una lágrima por los que ya no están, y les deseo a todos y cada uno el mejor día de San Valentín de sus vidas; esperando pronto poder verlos y haciendo votos para que esta fecha especial esté llena de lindas cosas que puedan guardar y atesorar en sus respectivas cajas de recuerdos.

jueves, 24 de enero de 2008

"EJEMPLOS" DE VIDA

El tema que tocaré a continuación quizás me haga ver bastante anciana o anticuada, sin embargo, dicen por ahi que quien no arriesga no gana.

Hace poco tiempo, estuve viendo un desfile de modas de un conocido diseñador. Una tras otra desfilaban las modelos con atuendos elegantes, finamente confeccionados y algunos hasta impresionantemente modernos. Por desgracia, dicha majestuosidad de trabajo se perdía entre los huesos de las delgadísimas modelos. Y es que no tiene nada de malo ser delgada; siempre y cuando se esté sana; pero juro que estas muchachas no se veían para nada saludables. Entre sus pómulos marcados, y sus hombros cubiertos por una muy tenue capa de piel, se notaba una persona pálida, demacrada, aun cuando el maquillaje luchara fervorosamente por hacer lo propio.
Llegó un momento en que prferí dejar de mirar, puesto que mi atención se centraba casi totalmente en lo mal que se veían las modelos que en el vestuario en sí. Me pregunté a cuántas personas les pasaría lo mismo que a mí...
Supongo que no soy la única en haberlo notado; y me pregunté también si los diseñadores no perdían parte de sus ganancias debido a que las medidas de gran cantidad de su ropa no corresponden al promedio de la mujer actual.

Hoy en día, los jóvenes tienen como ejemplos a seguir y a admirar a personas de este tipo: modelos extremadamente delgadas y hasta enfermas; o "artistas" de muy dudosa o baja reputación como es el caso de Paris Hilton o Britney Spears.
Las revistas de actualidad y los artículos periodísticos resaltan como "notas del día" la última borrachera de Hilton o el descuido de Spears hacia sus hijos.
Hace algún tiempo, la ciudad de Monterrey se estremeció al recibir la noticia de un espantoso crimen cometido en una de las zonas pudientes del área motropolitana: un chico, en un arranque de coraje hacia su novia, se había introcido en su casa y a sangre fría asesinó cobardemente a dos de los hermanitos de ésta; un niño de 4 o 5 años y una niña de 2 o 3. Las múltiples versiones no se hicieron esperar: que si la novia tuvo algo qué ver, que si él solo "observaba" cómo ella los masacraba, que si ella le dijo que lo hiciera, en fin.
El caso es que, tanto si lo hizo como si sólo observó sin hacer nada, el crimen es prácticamente el mismo.
Al homicida se lo llevaron preso, y se difundió en todos los medios. No pasaron ni dos días cuando el joven criminal ya tenía su club de admiradoras con todo y sitio web. Jovencitas que no pasaban de los 17 años, se plantaban a las afueras del penal con pancartas y gritos de apoyo; y no tenían ningún empacho en salir a dar entrevistas a diestra y siniestra exponiendo sus motivos para estar apoyándolo. Y cada vez que las veía en la televisión me preguntaba "¿Se sentirán sus padres orgullosos de ver a su hija defendiendo a un infanticida?".

Desgraciadamente situaciones como estas no son de sorprender; puesto que con los avances de las telecomunicaciones y la tecnología, se tiene acceso inmediato al desastroso comportamiento que muestran los íconos de la juventud. De manera que casarse a los 17 años, en medio de una borrachera con el primer desconocido que se les presenta, ya no es un delito o una irresponsabilidad, sino una "travesura"; salir cayéndose de borrachos de una fiesta y conducir en ese estado no es otra cosa sino ser "cool" como Paris Hilton; y morir de hambre y desnutrición ya no es propio sólo de personas en pobreza extrema; sino de miles de chicas que buscan emular a las modelos mas cotizadas.

Esperar que los medios se pongan del lado de la responsabilidad y la cordura es demasiado, yo diría que imposible; éstos solo van a explotar lo que venda. Lo que sí se podría hacer es que los padres, las familias tomáramos las riendas mas fuertemente para saber guiar con principios y valores más firmes. Trillada frasesita, es verdad, y una titánica tarea, puesto que significaría casi luchar contra el mundo; sin embargo, aún quedamos esparcidos por el planeta alguno que otro idealista, quienes pensamos que de granito en granito se llena de arena una playa, y no dejamos de desear, de soñar y de ir construyendo un lugar mejor; aunque de repente nos salgan al paso una que otra muchachita despistada con pancartas de apoyo a un criminal cualquiera.