Creative Commons License Este blog está bajo una licencia de Creative Commons.

domingo, 14 de octubre de 2007

DOS HISTORIAS, UN FINAL Y UNA ESPERANZA

En algunas entradas anteriores abordé el tema tanto de la violencia intrafamiliar como de la mala calidad de los medios de comunicación. Estos dos temas se conjugan ahora, como un juego macabro del destino, y se convierten en dos historias, quizás entrelazadas; con protagonistas opuestos, pero con un mismo final...

Cancún, Quintana Roo, México:
Un renombrado diputado neoleonés del partido "conservador" mexicano (que ya no "conservan" ni la vergüenza) le propina a su esposa tremenda paliza que orilla a la mujer a denunciarlo para que la autoridad se encargue del asunto. El percance es ligeramente ventilado en los medios de comunicación, perdiéndose la noticia entre los encueros de las "artistas" moda y los resúmenes de las telenovelas de mayor éxito. Días después nos enteramos, y no precisamente por los medios comunes, de que el susodicho diputado queda exonerado de toda culpa por la Cámara de Diputados al votar en igual número tanto por el desafuero del individuo, como por el "no desafuero" para que no pueda ser juzgado por violencia doméstica; votación que por cierto fue bastante amañada, puesto que, en primer lugar, al inculpado se le dio el derecho de emitir su sufragio (obviamente por el "no desafuero"), y en segundo, porque ooootra vez nuestro flamante alcalde Adalberto Madero, dio su voto de "calidad" para que el político en cuestión siguiera gozando de los beneficios que le da su puesto; y sin sanción alguna, pueda continuar arremetiendo cuantas veces lo desee contra su esposa. Todo esto, por supuesto, disfrutando también de su excesivo salario de político mediocre que desde luego, pagamos todos y cada uno de nosotros con nuestros impuestos.

Monterrey, Nuevo León, México: Semanas después del penoso incidente del diputado golpeador, nos encontramos ahora con la nota del día en las primeras planas de los diarios de mayor circulación y con la mayor cobertura en los medios electrónicos de comunicación: un policía asalariado, de escaso estatus económico y social (y por lo visto también mental) golpea a su pareja durante 45 minutos, ocasionándole severas heridas; lo detienen, lo encarcelan y a los pocos días, sale libre tras pagar una módica suma a manera de fianza. Las televisoras envían a toda su artillería disponible a lanzarse en contra del despiadado y desalmado golpeador de mujeres indefensas; conductores de noticieros de diversas empresas en competencia se unen en una sola voz para rasgarse las vestiduras y clamar justicia "¿Cómo, en el nombre de Dios y de todos los santos, cómo es posible que después de tan brutal agresión hacia su esposa, este hombre salga libre para seguir cometiendo tal atrocidad?"

Del diputado, ni quien se acuerde. El señor continúa paseándose en su automóvil último modelo, aún frecuenta las reuniones de magnates, comparte cenas en lugares elegantes, y sigue gozando del respeto de los grupos influyentes del país.
El policía, por su parte, quizás se pasee en vehículos no tan elegantes como autobuses o taxis; tal vez no asista a cenas de gala ni a lugares de primera clase y muy probablemente ya no lo respete ni su perro.

La analogía es simple y compleja a la vez, estos hombres de características diferentes y a pesar de pertenecer a "mundos" tan distintos, tienen algo en común: son personas violentas, y se puede decir que un tanto machistas por la forma en la que tratan a sus respectivas parejas. los dos son diferentes pero en el fondo son exactamente iguales. Ambos transgredieron la ley cometiendo un delito que debe considerarse como grave y por el cual deberían estar en prisión compartiendo una celda. ¿Cual es la diferencia? la manera en la que los medios manejaron los hechos. Mientras que al primero lo protegieron cuanto pudieron escondiendo y disfrazando la nota, al segundo le dejaron ir toda su furia incontenida. No cabe duda que el juego de intereses en estos casos siempre será un papel primordial para establecer la agenda de los medios de comunicación; sin embargo, hay algo aquí que a nadie parece haberle importado: las víctimas.

Estas valientes mujeres que se atrevieron a denunciar a sus esposos, a decir "ya no más" a ir en contra de todos los "principios" y normas machistas establecidas que conocían y aprendieron desde pequeñas; estas mujeres que salieron del anonimato para gritar por fin lo que tanto tiempo habían callado jamás fueron escuchadas. Porque en el primer caso, la víctima parece haber sido el servidor público, que de servidor no tiene nada y sí mucho de público; y en el segundo caso, los ofendidos, al parecer, fueron los informativos, por la manera en que lo manejaron.

Y siempre volvemos a lo mismo: campañas en contra del maltrato a la mujer, programas de análisis y ayuda para prevenir y contrarrestar la violencia doméstica, autoridades que exhortan a la ciudadanía en general, en especial a las damas, a denunciar los abusos. Pero con cosas como estas, los esfuerzos se vienen abajo; pues quien debería ser ejemplo y voz del pueblo, es quien emplea la violencia en su propia familia. Quien debería ser autoridad y protección para la gente, es quien masacra en su propio hogar a la persona que se supone más ama.
Así, en todo este círculo vicioso que parece no tener fin, las mujeres seguimos y seguiremos alzando la voz cada vez más fuerte en contra de la violencia en cualquiera de sus formas; en contra de la desigualdad en materia de empleo, en contra de una absurda discriminación sin sentido; y también, por qué no, en contra de unos medios de comunicación comprados, interesados, amarillistas y convenencieros.

Continuemos alzando las voces, algún día nos han de escuchar.

No hay comentarios.: