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martes, 17 de julio de 2007

LA RESPUESTA DEL MILLÓN

Los vaivenes que tiene la vida, las espinas en los caminos recorridos, las penas, las situaciones difíciles, a menudo nos orillan a formularnos todo tipo de preguntas.
Siempre surgen los por qués, los cómos, los para qué...y lo curioso es que muchas veces pensamos que las respuestas a dichas preguntas son algo que va más allá de nuestro pobre entendimiento; con designios inescrutables, o complicados algoritmos imposibles de entender.

La verdad es que para todas esas preguntas, la respuesta más común y mas acertada siempre sigue siendo una sola; la cual es simple, pero a la vez compleja, tan fácil y a la vez bastante difícil.

En la víspera de una fecha significativa en mi vida, publico en este espacio un texto que escribí hace algunos años. Lo redacté cuando tuve que pasar una de esas tantas tormentas que nos regala el destino, de las cuales solemos pensar que no saldremos ilesos. Lo quise "desenpolvar" y aquí está, editado y corregido de acuerdo al presente.

Lo dedico, como aquella vez, especialmente a mi esposo, quien siempre ha estado a mi lado para hacerle frente a todas las tempestades por las que hemos atravesado, y sé que estará nuevamente conmigo en las que vendrán.

***

Hace alrededor de siete años, me miraba en el espejo con mi vestido de novia y me preguntaba: ¿Qué estoy haciendo aqui?.... Y al plasmar mi firma en el acta durante la ceremonia civil de aquel 21 de julio, me seguía preguntando ¿Qué estoy haciendo?... Fueron muchos cómos, cuándos y por qués. Y ahora, casi siete años y dos bebés después, la respuesta sigue siendo la misma: vivir.
La diferencia es que ahora; al mirar atrás, el significado de las cosas cambia; puesto que ya no es solamente "vivir" sino disfrutar de ello. Hace tiempo me di cuenta de que es relativamente fácil el gozar de la vida, si se valora lo que el destino nos ofrece.
Pasando por momentos verdaderamente difíciles, aquella pregunta de hace siete años regresó de repente, y como un relámpago, me vi nuevamente frente al espejo preguntándome por qué, cuándo, cómo es que llegué hasta ese instante. La respuesta saltó ante mis ojos cuando mi esposo y mis pequeños me hicieron sentir su amor, su apoyo, su entrega.
Pasaban los días, y la situación tan tensa por la que estaba atravesando se volvía cada vez más desesperante y frustrante. La solución a mis problemas no llegaba, a pesar de tanto buscarla. En el momento de mayor desesperación, sintiéndome vencida, derrotada, no pude más que llorar; quizás imaginando que las lágrimas aminoraran un poco el dolor y calmaran el sabor de la derrota. Entonces sentí que la mano de mi esposo tomaba la mía, apretándola con fuerza, como si quisiera contagiarme de optimismo. Me volví hacia él y encontré en sus ojos el verdadero significado de todas esas preguntas que me hice a lo largo de mi vida. "Llora", me dijo, "Llora porque hemos hecho todo para solucionar los problemas y nada ha funcionado...llora, pero después, levántate y sigamos adelante". En ese instante, con esas palabras, supe que no estaba sola; y el cómo, el cuándo y el por qué, dejaron de tener sentido.
Hoy que las aguas están en calma y más claras que nunca, puedo decir que la respuesta a cualquier pregunta que me pueda formular, está a mi alrededor, al alcance de mi mano: mi casa, dos hijos hermosos y maravillosos, y un esposo del cual me enorgullezco enormemente, al que amo y admiro por su inteligencia, su calidad humana, y sobre todo, porque por encima de todo, siento su apoyo y su amor, más alla de lo terrenal, y aún de lo espititual.
"Vivir" una sola palabra que encierra tantas cosas...todas las dudas que se puedan poseer se despejarían si comprendiéramos que las cosas que nos pasan, los problemas por los que atravesamos es simplemente porque estamos viviendo. Porque quizás el destino, Dios, o la vida misma nos quiere recordar de vez en cuando (o bastante a menudo) que no estamos solos, que hay personas alrededor a quienes les importamos, quienes nos aman y valoran por encima de cualquier defecto, de cualquier dificultad que podamos afrontar.
Hace siete años, frente al espejo, quizás no estaba tan segura de estar haciendo lo correcto, tal vez era el miedo quienhacía tantas preguntas; al final tomé la decisión correcta...al final, me alegra enormemente haberla tomado; cambió mi vida para bien.
Al final, me encuentro otra vez en el camino, con una sonrisa en el rostro, tarareando el estribillo de una vieja y simpática pero muy cierta canción: "...decisiones, cada día, alguien pierde, alguien gana...decisiones, todo cuesta, salgan y hagan sus apuestas..."


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