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martes, 24 de julio de 2007

LA IMPORTANCIA DE LAS TRIVIALIDADES

Muchas personas pensarían que el hablar de los medios de comunicación y su contenido es una pérdida de tiempo, y un tema bastante trivial. Pues bien, no lo es tanto cuando tomamos en cuenta que los miembros de nuestra sociedad nacen, crecen y se desarrollan exponiendo su mente, su consciente y su inconsciente, y muchas veces hasta su fuerza de voluntad y su autoestima a dichos contenidos.
He aquí algunos ejemplos (quizás chuscos, increíbles, pero ciertos) de lo que me ha tocado observar acerca de este tema.

Hace unos días, en uno de esos momentos de ocio (que no son muchos, aclaro), me puse a buscar en la televisión algo interesante o por lo menos entretenido qué ver. Saltando de un canal a otro, me encontré (por pura casualidad, lo juro)con la versión mexicana de La Niñera, exitosa serie protagonizada originalmente por Fran Drescher.

La verdad no supe si reír o llorar de pena al ver una escenografía impresionante, una producción quizás no de primera, pero bastante cerca; y sin embargo, las actuaciones y el libreto daban mucho qué desear. Actores acartonados, situaciones que no corresponden a la cultura del mexicano o del latino en sí, el libreto era una traducción de los diálogos en su idioma original. Tal pareciera que el escritor (?¿) hubiera tomado los diálogos en inglés para insertarlos en el traductor de google, y el resultado fue lo que se vió en pantalla.
Al ver semejante desperdicio de recursos, me pregunté varias cosas. La primera: ¿Es posible que a estas alturas los medios de comunicación sigan pensando que se dirigen a un público conformado de personas estúpidas?..no niego que entre los televidentes hay muchísima gente que por supuesto no es tonta, sino que está "idiotizada" por el "coco wash" que han hecho los medios a lo largo de los años; pero afortunadamente no creo que este tipo de receptores sean mayoría.
Desgraciadamente luego las empresas televisivas se valen de los "fans" para atreverse a sacar al aire atrocidades como ésta; pues saben que a los fieles seguidores de The Nanny no les importará la calidad de la serie traducida (literalmente) puesto que son tan fanáticos de la historia original, que no van a reparar en lo mal hecha que esté la otra versión con tal de volver a vivir la historia.
Y lo peor del caso es que no es éste el único programa en el que se hace evidente el derroche de recursos mal empleados; la televisión (al menos la mexicana) está plagada de programas de muy baja calidad y concursos que a parte de estar arreglados son bastante mediocres.

Unas semanas atrás, viendo las caricaturas con mi hijo de 4 años, apareció un comercial que anunciaba una serie nocturna llamada "sexo y otros secretos". En la pantalla aparecio de pronto (sin dar oportunidad de reaccionar) una mujer que con mirada y tono de voz sugerente decía: "este martes, estés o no estés, aquí habrá sexo!!"...yo me quedé realmente anonadada, atiné tan sólo a mirar el reloj: ¡eran las 4 de la tarde por Dios!... en ese momento mi hijo se puso frente a mí y me preguntó (con la inocencia de sus años): "mami, a tí te gusta 'sexo y otros secretos'?"...¡Ay en la torre!...digo, no es que me espante la palabrita, pero oírla en una criatura de 4 años pues sí llega a ser algo... ¿cómo decirlo?...fuera de lo común.

Además de esta anécdota, he visto con tristeza por ejemplo la barra infantil de una televisora local llamada "Multimedios Televisión"; esta empresa que ostentosamente se hace llamar "la imagen familiar" no tiene ningún empacho en programar en su horario infantil una serie de pseudo-programas con personajes burdos y vulgares haciendo y diciendo tontería tras tontería que ni siquiera a los niños entretiene.
O vamos a ver, ¿para un niño pequeño podría ser entretenido o divertido ver a una botarga de lobo con el peluche sucio y desaliñado, agacharse a mirarle los calzones (bragas, tangas, etc) a una chica animadora que se hace llamar "muñequita" cuyo vestuario y maquillaje corresponde más a la imagen de aquellas a quienes nos enseñaron a catalogar como "mujeres malas"? o quizás pensemos que es más entretenido ver en el mencionado programa al susodicho lobo haciendo una especie de chipendale a señoras del público poniéndoles el trasero en la nariz; o tal vez sea más interesante para un niño el sentarse a observar a un grupo de animales (en sentido figurado...y literal...) como un zorro, una rana, un zancudo, una cucaracha (todos estos botargas) dándose hasta por debajo de la lengua con unos garrotes de hule espuma durante los 60 minutos que dura el programa. Quizás lo más divertido para ellos, sin duda, sea inmiscuirse en la trama de un sketch donde un tipo disfrazado de niño con una cabeza enorme se enfrenta al dificilísimo dilema de poder quedarse a solas en su casa con una amiguita (botarga de niña) igualmente cabezona.
Pues sí, señoras y señores, aunque Uds. no lo crean, estoy hablando de la programación infantil que la "imagen familiar" trae para nosotros y nuestros hijos cada día.

Todo esto no es increíble ni inconcebible; lo realmente inverosímil es, en primer lugar, que permitamos que suceda y que siga sucediendo, y en segundo lugar, que nos espantemos al enterarnos que un niño se ha convertido en homicida, violador o psicópata, después de someterlos a su buena dosis de "esparcimiento" con este tipo de situaciones.
Y mientras vemos a dos o tres botargas golpearse unos a otros, y a las "muñequitas" vestidas de porristas rebeldes contorsinándose en una muy mala coreografía al ritmo del regaeton "lo que pasó, pasó" de Daddy Yankee (muy ad hoc para los niños, desde luego) habría que ponerse a pensar... ¿cuánta gente en pobreza extrema podría solucionar sus vidas, cuántos niños conseguirían asistir a la escuela decentemente, cuántos hospitales, universidades e instituciones se lograrían construir con los recursos malgastados en tan solo una hora de televisión de baja calidad?....lo dejamos de tarea....

martes, 17 de julio de 2007

LA RESPUESTA DEL MILLÓN

Los vaivenes que tiene la vida, las espinas en los caminos recorridos, las penas, las situaciones difíciles, a menudo nos orillan a formularnos todo tipo de preguntas.
Siempre surgen los por qués, los cómos, los para qué...y lo curioso es que muchas veces pensamos que las respuestas a dichas preguntas son algo que va más allá de nuestro pobre entendimiento; con designios inescrutables, o complicados algoritmos imposibles de entender.

La verdad es que para todas esas preguntas, la respuesta más común y mas acertada siempre sigue siendo una sola; la cual es simple, pero a la vez compleja, tan fácil y a la vez bastante difícil.

En la víspera de una fecha significativa en mi vida, publico en este espacio un texto que escribí hace algunos años. Lo redacté cuando tuve que pasar una de esas tantas tormentas que nos regala el destino, de las cuales solemos pensar que no saldremos ilesos. Lo quise "desenpolvar" y aquí está, editado y corregido de acuerdo al presente.

Lo dedico, como aquella vez, especialmente a mi esposo, quien siempre ha estado a mi lado para hacerle frente a todas las tempestades por las que hemos atravesado, y sé que estará nuevamente conmigo en las que vendrán.

***

Hace alrededor de siete años, me miraba en el espejo con mi vestido de novia y me preguntaba: ¿Qué estoy haciendo aqui?.... Y al plasmar mi firma en el acta durante la ceremonia civil de aquel 21 de julio, me seguía preguntando ¿Qué estoy haciendo?... Fueron muchos cómos, cuándos y por qués. Y ahora, casi siete años y dos bebés después, la respuesta sigue siendo la misma: vivir.
La diferencia es que ahora; al mirar atrás, el significado de las cosas cambia; puesto que ya no es solamente "vivir" sino disfrutar de ello. Hace tiempo me di cuenta de que es relativamente fácil el gozar de la vida, si se valora lo que el destino nos ofrece.
Pasando por momentos verdaderamente difíciles, aquella pregunta de hace siete años regresó de repente, y como un relámpago, me vi nuevamente frente al espejo preguntándome por qué, cuándo, cómo es que llegué hasta ese instante. La respuesta saltó ante mis ojos cuando mi esposo y mis pequeños me hicieron sentir su amor, su apoyo, su entrega.
Pasaban los días, y la situación tan tensa por la que estaba atravesando se volvía cada vez más desesperante y frustrante. La solución a mis problemas no llegaba, a pesar de tanto buscarla. En el momento de mayor desesperación, sintiéndome vencida, derrotada, no pude más que llorar; quizás imaginando que las lágrimas aminoraran un poco el dolor y calmaran el sabor de la derrota. Entonces sentí que la mano de mi esposo tomaba la mía, apretándola con fuerza, como si quisiera contagiarme de optimismo. Me volví hacia él y encontré en sus ojos el verdadero significado de todas esas preguntas que me hice a lo largo de mi vida. "Llora", me dijo, "Llora porque hemos hecho todo para solucionar los problemas y nada ha funcionado...llora, pero después, levántate y sigamos adelante". En ese instante, con esas palabras, supe que no estaba sola; y el cómo, el cuándo y el por qué, dejaron de tener sentido.
Hoy que las aguas están en calma y más claras que nunca, puedo decir que la respuesta a cualquier pregunta que me pueda formular, está a mi alrededor, al alcance de mi mano: mi casa, dos hijos hermosos y maravillosos, y un esposo del cual me enorgullezco enormemente, al que amo y admiro por su inteligencia, su calidad humana, y sobre todo, porque por encima de todo, siento su apoyo y su amor, más alla de lo terrenal, y aún de lo espititual.
"Vivir" una sola palabra que encierra tantas cosas...todas las dudas que se puedan poseer se despejarían si comprendiéramos que las cosas que nos pasan, los problemas por los que atravesamos es simplemente porque estamos viviendo. Porque quizás el destino, Dios, o la vida misma nos quiere recordar de vez en cuando (o bastante a menudo) que no estamos solos, que hay personas alrededor a quienes les importamos, quienes nos aman y valoran por encima de cualquier defecto, de cualquier dificultad que podamos afrontar.
Hace siete años, frente al espejo, quizás no estaba tan segura de estar haciendo lo correcto, tal vez era el miedo quienhacía tantas preguntas; al final tomé la decisión correcta...al final, me alegra enormemente haberla tomado; cambió mi vida para bien.
Al final, me encuentro otra vez en el camino, con una sonrisa en el rostro, tarareando el estribillo de una vieja y simpática pero muy cierta canción: "...decisiones, cada día, alguien pierde, alguien gana...decisiones, todo cuesta, salgan y hagan sus apuestas..."


viernes, 13 de julio de 2007

ENEMIGO A LA VISTA

La vida suele ponernos muchas pruebas; bastantes de ellas son referentes a la salud.

Las enfermedades son, quizás, el enemigo más fuerte y rapaz del ser humano, y no solo por el desgaste físico que provocan, sino por el deterioro emocional y los estragos que dejan en el alma.
Cuando la falta de salud se hace presente siempre deja secuelas, al portador, y a quienes lo rodean.

Las enfermedades, como todas las desgracias, nunca llegan solas. Se convierten en una serie de catástrofes hiladas que van minando la existencia poco a poco. Suelen acompañarse de tristeza, fatiga, desesperación y falta de ánimo.

Una vez, alguien muy especial en mi vida me dijo: "Lo importante no es que llegue la enfermedad, sino que te encuentre de pie y teniendo con qué hacerle frente".

Sin duda, esto es lo que realmente importa; el tener los recursos, ecónomicos, sí, pero sobre todo la fortaleza, la paciencia y el "aguante" para enfrentar este tipo de situaciones.


Y es que ya se vuelve una lucha de recursos. No es fácil sentirse mal y menos aún si es durante un tiempo prolongado; de manera que echamos mano de los recursos que tenemos y las armas para enfrentar el momento: médicos van y vienen, terminar un tratamiento para empezar otro, farmacias aquí y allá...hasta que llega un momento en el cual nos sentimos tan hastiados que ya no nos interesa más que tumbarnos en la cama y quedarnos ahí hasta que la enfermedad desaparezca por "voluntad propia", o nosotros con ella.
Es en este punto donde comienza la verdadera prueba; y si nos agarra solos, es muy probable que gane el enemigo.

Por eso es importante tener siempre un aliciente que nos proporcione la fuerza necesaria para no dejarnos vencer.


Cuando hemos hecho de todo y nada ha funcionado, es momento de abrir la válvula de escape: gritar, desesperarse, descansar, y llorar...llorar mucho; pero después, levantarse, lavarse la cara con agua fría y seguir adelante, por nosotros mismos y por nuestros seres queridos; pues ellos serán el mejor motor para superar los obstáculos; siempre y cuando, desde luego, se armen de valor, respeto, y sobre todo mucha paciencia y comprensión para apoyarnos en esos momentos. Y no olvidemos que cuando atravesamos por una situación desfavorable, siempre afectará también a nuestro entorno.

Es éste el momento de decidir si queremos salpicar a los demás debilidad, amargura y tristeza, o ayudarles y ayudarnos a salir victoriosos de otra batalla.
El ejército somos nosotros mismos, nuestras armas las llevamos dentro, en el espíritu, mente, alma y corazón, o las vamos consiguiendo a lo largo de los años, por el sendero que caminamos. El enemigo a vencer está frente a nosotros, sólo nos queda utilizar los recursos con los que contamos, y luchar...


No es para nada sencillo, y menos cuando el enemigo se vuelve cada vez más fuerte y voraz a costa de nuestra propia sangre. Pero definitivamente la lucha es mucho más violenta y extenuante cuando se convierte en una pelea con nosotros mismos, al vernos inmersos en el dilema de seguir adelante o dejarse vencer.

Aquí es cuando surge una pregunta...La enfermedad es cruel, pero, ¿será más cruel dejarnos abatir? Quizás lo que nos aniquile poco a poco no sea la enfermedad en sí, sino nosotros mismos.

Los padecimientos físicos son, como dije, uno de los enemigos más poderosos del ser humano, pero no hay enemigo más destructor, enérgico y persistente que un alma desgastada y un espíritu débil; así sean los de uno mismo.
A un rival de esta naturaleza, siempre es mejor mantenerlo alejado, y en el mejor de los casos, convertirlo en nuestro aliado, lo cual constituye, quizás, otra difícil batalla; pero, ¿de qué se conforma la vida sino de pequeñas y grandes guerras?