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martes, 19 de junio de 2007

SACERDOTES DE CRUCERO

Hace algunos dias, en un crucero de la ciudad, se encontraba un joven con una alcancía y un señor ya mayor a quien le faltaba una pierna y andaba en muletas.
Cuando el semáforo se puso en rojo, el joven se acercó a los automovilistas pidiendo una "cooperación" para pagar su Seminario y poder así convertirse en sacerdote. Unos metros más adelante, el señor discapacitado pedía una ayuda para poder sobrevivir. Ante tal diferencia y desventaja, la mayoría de los automovilistas optábamos por ayudar a quien más lo necesitaba.

Y es que episodios como este, que por desgracia se repiten en muchas avenidas y calles de la ciudad, resulta ser un tanto indignante: jóvenes sanos, enérgicos y llenos de vida, quienes durante la semana asisten a colegios privados en sus vehículos último modelo; escuchando su música favorita en sus ipods, tomándose fotografías con sus celulares de última generación, se convierten el fin de semana en humildes "misioneros" que compiten en un semáforo con la cruz roja, con los comedores infantiles, o con alguna persona discapacitada para conseguir unas monedas que les permitan irse de "retiro" o a las "misiones". Y lo escribo entre comillas, porque en muchas ocasiones (no digo que siempre sea así), estos viajecitos resultan ser un paseo con todos los gastos pagados (por la comunidad, desde luego) y de retiro y de misiones no tienen casi nada. Por supuesto que siempre hay esfuerzos muy loables y que en realidad son de mucha ayuda para las comunidades marginadas, pero por desgracia no todos son así.

Tal vez soy un tanto radical, pero al ver por ejemplo a esos jóvenes seminaristas con su alcancía, no puedo evitar pensar que si se pusieran a trabajar medio turno en algún establecimiento, o lavando coches, vendiendo dulces o cualquier otra cosa, en primer lugar serían más productivos a la sociedad, y en segundo lugar no tendrían que "pelear" el crucero con personas que realmente necesitan ayuda o que venden sus productos en la calle. Y ni qué decir de que el sacerdocio es algo que ya goza de bastante mala fama; tanto así que cuando un seminarista se acerca a la ventanilla del carro uno piensa: "sí, te voy a ayudar a ser sacerdote para que te puedas convertir en un pederasta reconocido, y cometer todo tipo de atrocidades con la protección del Vaticano y de la Santa Madre Iglesia" (mas no de la de Dios). Es triste, es indignante, es crudo, pero desgraciadamente, es real.

Me parece una aberración, que aun cuando el Estado le asigna a la Iglesia Católica un porcentaje para su subsistencia, (alrededor de 24 millones de pesos anuales, en el caso de Argentina, más de 100 millones de euros al año, en España, y la lista sigue....), porcentaje que sale, desde luego, de los impuestos de los contribuyentes, aún y con esta "ayuda desinteresada" del Estado, todavía les quedan ganas de posar su joven, sana y llena de energía humanidad sobre una calle, junto a un vendedor, o a personas con discapacidad para conseguir facilmente unas monedas, sin horarios, sin turnos forzosos, y sin contribuir de ninguna manera a la sociedad, y así poder (dicen ellos) solventar sus estudios para ejercer el sacerdocio (y otras cosas no muy gratas) con la bendición Papal.

Distamos mucho de ser el Estado laico, justo e imparcial que soñamos y que necesitamos desesperadamente; sin embargo, yo seguiré poniendo mi granito de arena negándome a contribuir al sacerdocio, y animando a estos muchachos a que mejor trabajen para lograr sus objetivos, al fin y al cabo, el Estado ya se encargó de rebajarme un porcentaje de las ganancias de mi trabajo para que la Iglesia pueda seguir cometiendo todo tipo de abusos y atropellos..ah! y para que jóvenes seminaristas puedan seguir compitiendo en un crucero por una limosna con un adulto mayor a quien le falta una pierna. Este es el espíritu de ayuda y servicio que les enseñan en el seminario. ¿Caridad humana?...sí, ¡cómo no!

2 comentarios:

Mauricio Márquez dijo...

Al entrar a este blog pensé que me iba a gustar. Desafortunadamente, no pude ir más allá de leer este artículo.

Podré estar de acuerdo en la idea central del mismo. Sin embargo, me parece desafortunado que uses estereotipos para describir a los jóvenes seminaristas (colegio privado, carro último modelo, etc).

Mayor disgusto me dio cuando leí que al acercarse a tu automóvil piensas "sí, te voy a ayudar a ser sacerdote para que te puedas convertir en un pederasta reconocido, y cometer todo tipo de atrocidades con la protección del Vaticano y de la Santa Madre Iglesia".

Insisto, tal vez tengas razón en tu idea medular pero tu forma de generalizar, estereotipar y radicalizar seguramente hará que muchos evadan la lectura de tus pensamientos.

•°o.O«SåNÐiLû»O.o°• dijo...

Lamento que no hayas visto un poco mas allá del artículo en sí. Quizás generealizo, sí; sin embargo la generalización a la que me refiero es respecto a ¿por qué los seminaristas se pagan los estudios con la "contribución" de la comunidad, mientras tantos miles de jóvenes de universidades privadas y públicas se tienen que pagar sus estudios con recursos propios o de sus padres?...¿Cuánta gente se puso en contra del subsidio a la UNAM, por ejemplo, exigiendo que los estudiantes paguen sus propias cuotas?...¿Cuántos jóvenes hay que trabajan y estudian para solventar sus gastos?..¿Qué los seminaristas no podrían hacer lo mismo en lugar de "pelearle" un crucero a un discapacitado?... Por otro lado, he dicho en el artículo que no todos son así, que hay esfuerzos que son de mucha ayuda para la comunidad, pero no hay que negar que la Iglesia y los sacerdotes en sí hace tiempo que no gozan de muy buena fama, y esto, en parte es por gente que defiende a capa y espada a la Iglesia sin ver sus errores, sin señalarlos, cuando lo importante es no quedarse callados.

Igual, gracias por la visita. Saludos.