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martes, 3 de abril de 2007

SOBREVIVIENDO A LA VIDA

"Cuando alguien que de verdad necesita algo, lo encuentra, no es la casualidad quien lo procura, sino él mismo. Su propio deseo y su propia necesidad le conducen a ello". Hermann Hesse
“pequeñas variaciones en un sistema caótico se pueden convertir al cabo del tiempo en grandes variaciones". Efecto Mariposa (Teoría del caos)

Hola, mi nombre es Emilio, tengo 24 años. Estoy en este grupo de apoyo porque llevo aproximadamente 14 meses sin poder conciliar el sueño. esto es debido a que estoy arrastrando un cargo de conciencia bastante grande desde hace mas o menos el mismo tiempo. No pretendo aburrirlos ni despertar su compasión; pero creo que este grupo es para escucharnos y apoyarnos unos a otros. Mi historia no es única ni excepcional. Podría pasarle a cualquiera.
Soy el mayor de cuatro hijos de un matrimonio común. Vivíamos en una colonia de clase media, en una casa grande, la cual ocupaba con mis tres hermanos y mis padres.

Siempre fui un muchacho normal, extrovertido, me gustaban las fiestas, el relajo, salir con amigas, lo usual. mi madre solía preocuparse por mí porque los fines de semana (y a veces antes) regresaba a casa de madrugada, o de plano no llegaba. Cuando esto pasaba, ya sabía que al siguente día tendría que reventarme los sermones del viejo, regaños, castigos, etc.

Como era muy rebelde, no podía esperar la hora en que por fin pudiera terminar la escuela y ganar lo suficiente para salirme de mi casa y hacer lo que me diera la gana sin nadie que estuviera siempre tras de mí diciéndome lo que debo hacer.

Hace unos meses, conseguí un trabajo de medio tiempo; lo cual acrecentó mi egocentrismo, puesto que ganaba lo suficiente como para costearme mis salidas, ropa, y alguno que otro lujo.
Llegaron las vacaciones de verano y un grupo de amigos y yo conseguimos un tour para irnos una semana a la playa. Yo estaba feliz. Por fin tendría unos días para mí, unos cuantos días para ir y venir, hacer y deshacer a mi antojo.
Cuando se lo dije a mis padres, empezaron los problemas: mi mamá no quería que me fuera; pues existía ya otro plan para el verano. Me pidió que mejor gastara ese dinero para completar mi pasaje y el de mis hermanos a San Juan, como se había previsto, y así podríamos ir todos a visitar a los abuelos. Me pareció una idea ridícula, y así se los hice saber. "Pero hijo, si tú no nos acompañas, no tiene caso que vayamos; y si no nos ayudas, no podremos hacer el viaje", me dijo mi padre en tono de desesperación. "¿pero es que no entiendes? yo lo que quiero es largarme y olvidarme de ustedes aunque sea por unos días. Yo qué mas quisiera, que fuera para siempre, pero durante al menos una semana no quiero saber NADA de ustedes" contesté en tono enérgico, di media vuelta y fui a preparar mi maleta. No me importó dejar a mi madre llorando, tenía a papá para consolarla.

Al día siguiente, muy temprano, salí para la central sin despedirme de nadie.

Fueron los 7 días más divertidos de mi vida. El día programado para el regreso, empaqué mis cosas un tanto molesto, y cuando me bajé del autobús, aún tenía en el rostro un dejo de fastidio por tener que llegar nuevamente al hogar. Tome un taxi, pero cuando iba llegando, no podía creer lo que mis ojos veían: mi casa estaba completamente en ruinas. Consumida totalmente; al igual que otras tres casas en la misma calle.

El lugar estaba desierto; de manera que me dirigí a casa de una tía que vive a pocas calles de ahí, y fue donde me enteré de que un corto circuito provocado por una tormenta desencadenó un terrible incendio que lo consumió todo en pocos minutos.

Yo estaba paralizado, no podía creer lo que pasaba; reaccióné a medias, y pregunté por mi familia. Mi tía comenzó a llorar y mi tío me dijo con voz entrecortada: "todos murieron... el incendio fue hace tres días; tus hermanos y tus padres fallecieron al siguiente día, y a tu madre la enterramos apenas ayer".
La noticia me sacudió terriblemente, comencé a temblar sin control, y me tumbé en un sillón al sentirme mareado. sollozaba, y con un hilo de voz, pero fuego en la mirada pregunté a mis familiares por qué no me habían avisado. La respuesta me terminó de matar: "hijo, intentamos hacerlo, pero no dejaste dicho a dónde ibas; además tu madre me hizo prometer que no te diría, 'Emilio dejó muy en claro que no quería saber nada de nosotros', me dijo... y de hecho, estas fueron sus últimas palabras".
De lo que pasó después no recuerdo mucho, porque me desmayé al escuchar esto último. Solamente tengo en la mente la imagen borrosa de mi primo el mayor, mirándome con una mezcla de odio y compasión y diciendo algo así como "felicidades, primo, se te cumplió tu deseo".
Desde entonces mi vida es un infierno. Tuve que dejar la escuela y he rodado de trabajo en trabajo, de cuarto en cuarto, porque en ningún lugar me siento a gusto. Tengo un techo que me guarece, pero no un lugar cálido y acogedor al que pueda llamar "hogar". Duermo poco por las noches, y cuando lo hago, sueño que estoy en casa, con mi familia. Veo a mi madre sonriéndome; y de repente todo se torna oscuro; escucho llantos y quejidos, gritos de desesperación, susurros estridentes que jamás terminan; y despierto entre las lágrimas y el sudor. Ya no sé si es más terrible el sueño o la realidad que estoy viviendo.
Ayer fui al panteón por primera vez desde que pasó todo aquello. No me atrevía a ir, pero lo hice por fin. Fue un sentimiento espantoso, desgarrador. No puedo con la culpa. Desearía regresar el tiempo y cambiar mi decisión. Si hubiera escuchado a mamá, si le hubiera hecho caso, el incendio hubiera consumido una casa vacía; porque estaríamos en San Juan con los abuelos; quienes, por cierto, no quieren saber nada de mí, y no los culpo.

¿Saben? de un día para otro me quedé sin familia, sin hogar, y con una pesada carga sobre mis hombros. He pensado en el suicidio en incontables ocasiones, pero es tanto el remordimiento, que me armo de valor y prefiero seguir viviendo. Sobrevivir es el mejor castigo que podría recibir. Vivir muriendo un poco más cada día. Atormentándome lenta y constantemente. Al fin y al cabo, como dijo mi primo, ya tengo lo que quería; aunque al momento de desearlo no sabía realmente lo que pedía.
Mi nombre es Emilio, tengo 24 años, esta es mi historia, y desgraciadamente viví para contarla.

**El término "efecto mariposa" fue utilizado en la década de los 60 por el meteorólogo Edward Lorenz; quien buscaba predecir el tiempo mediante un modelo matemático. Lorenz sostenía que a menudo un pequeño detalleo una pequeña variación bastaba para cambiar totalmente la predicción completa.

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