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lunes, 23 de abril de 2007

DÍA DEL NIÑO

Es increíble el pensar que un pedacito de ser humano tan pequeño como un niño pueda cambiarnos la vida de manera radical.

Aquellas criaturitas que vemos tan frágiles e inocentes, son mucho más fuertes e inteligentes de lo que solemos pensar.

No hay día que no nos soprendan con alguna ocurrencia nueva, algún gesto, movimiento o frase que el día anterior no sabían.

Cuando los vemos jugar, vemos realmente a un astronauta, un superhéroe, o una gran artista. Ese es su mundo, su fantasía, y la hacen realidad cuando quieren, donde quieren y como quieren.

Es el lujo de ser niño; para ellos no existe tiempo ni lugar apropiados; pueden tirarse al piso para hacer un berrinche cuando algo no les parece, y aunque realmente odiemos cuando hacen eso, la mayoría de nosotros quisiéramos desahogar con un berrinche de vez en cuando las presiones de ciertos momentos. El inconveniente es que somos adultos, y no se vería muy bien que nos tiráramos al piso de la oficina a llorar, gritar y patalear cuando el jefe nos hace la vida miserable.

Los niños son grandes inventores, grandes actores; ellos se merecen un Oscar cada vez que hacen alguna travesura y al cuestionarlos ponen su carita de "yo no fui" con la mirada más tierna que la del gatito de shrek. Y cómo regañarlos cuando corren felices por la casa sin una prenda de ropa encima porque la hora del baño se convierte en un "atrapame si puedes"; otro lujito que no podemos darnos los adultos, porque, por lo general, la hora del baño siempre es 20 minutos antes de salir a trabajar, y si apenas nos da tiempo de medio desayunar, pues menos para correr desnudos por la casa.

Pero sin duda, a mi parecer, lo más bonito de todo es verlos dormir. Lo hacen con una paz y una tranquilidad envidiable.

A veces pienso que si pudiera pedir un deseo sería, sin dudarlo, volver a ser niña por lo menos por un día. Y durante ese día, nadie me juzgaría mal por llorar a grito abierto en un centro comercial si no encuentro los zapatos que me gusten (o si los encuentro pero están muy caros), o por treparme a un culumpio y fingir que es una nave espacial intergaláctica. Haría mil cosas en un momento, si tuviera la mitad de la energía que ellos tienen; y mis padres jamás encontrarían el "switch" para apagarme cuando llegara la hora de dormir.

Y solo por esa noche, dormiría profundamente sin pensar en los pendientes del siguiente día, en lo que no se pudo hacer hoy, o en las deudas que hay que pagar.

Mi admiración y respeto para estos seres mágicos, especiales, que nos hacen ver la vida diferente, que nos alegran los días y entibian nuestras noches.

Si tomáramos como ejemplo y aprendiéramos un poco de estos pequeños de gran corazón, de fortaleza interminable, inundados de vivacidad, de curiosidad despierta y gran entendimiento; definitivamente el mundo sería distinto.

Ojalá que por lo menos un día, los adultos todos, nos permitiéramos ser niños, aunque sea para ver la vida como la ven ellos: con entusiasmo y optimismo; por más dura que ésta sea.

Felicidades en su día a todos los niños de edad, de mente y corazón.


martes, 3 de abril de 2007

SOBREVIVIENDO A LA VIDA

"Cuando alguien que de verdad necesita algo, lo encuentra, no es la casualidad quien lo procura, sino él mismo. Su propio deseo y su propia necesidad le conducen a ello". Hermann Hesse
“pequeñas variaciones en un sistema caótico se pueden convertir al cabo del tiempo en grandes variaciones". Efecto Mariposa (Teoría del caos)

Hola, mi nombre es Emilio, tengo 24 años. Estoy en este grupo de apoyo porque llevo aproximadamente 14 meses sin poder conciliar el sueño. esto es debido a que estoy arrastrando un cargo de conciencia bastante grande desde hace mas o menos el mismo tiempo. No pretendo aburrirlos ni despertar su compasión; pero creo que este grupo es para escucharnos y apoyarnos unos a otros. Mi historia no es única ni excepcional. Podría pasarle a cualquiera.
Soy el mayor de cuatro hijos de un matrimonio común. Vivíamos en una colonia de clase media, en una casa grande, la cual ocupaba con mis tres hermanos y mis padres.

Siempre fui un muchacho normal, extrovertido, me gustaban las fiestas, el relajo, salir con amigas, lo usual. mi madre solía preocuparse por mí porque los fines de semana (y a veces antes) regresaba a casa de madrugada, o de plano no llegaba. Cuando esto pasaba, ya sabía que al siguente día tendría que reventarme los sermones del viejo, regaños, castigos, etc.

Como era muy rebelde, no podía esperar la hora en que por fin pudiera terminar la escuela y ganar lo suficiente para salirme de mi casa y hacer lo que me diera la gana sin nadie que estuviera siempre tras de mí diciéndome lo que debo hacer.

Hace unos meses, conseguí un trabajo de medio tiempo; lo cual acrecentó mi egocentrismo, puesto que ganaba lo suficiente como para costearme mis salidas, ropa, y alguno que otro lujo.
Llegaron las vacaciones de verano y un grupo de amigos y yo conseguimos un tour para irnos una semana a la playa. Yo estaba feliz. Por fin tendría unos días para mí, unos cuantos días para ir y venir, hacer y deshacer a mi antojo.
Cuando se lo dije a mis padres, empezaron los problemas: mi mamá no quería que me fuera; pues existía ya otro plan para el verano. Me pidió que mejor gastara ese dinero para completar mi pasaje y el de mis hermanos a San Juan, como se había previsto, y así podríamos ir todos a visitar a los abuelos. Me pareció una idea ridícula, y así se los hice saber. "Pero hijo, si tú no nos acompañas, no tiene caso que vayamos; y si no nos ayudas, no podremos hacer el viaje", me dijo mi padre en tono de desesperación. "¿pero es que no entiendes? yo lo que quiero es largarme y olvidarme de ustedes aunque sea por unos días. Yo qué mas quisiera, que fuera para siempre, pero durante al menos una semana no quiero saber NADA de ustedes" contesté en tono enérgico, di media vuelta y fui a preparar mi maleta. No me importó dejar a mi madre llorando, tenía a papá para consolarla.

Al día siguiente, muy temprano, salí para la central sin despedirme de nadie.

Fueron los 7 días más divertidos de mi vida. El día programado para el regreso, empaqué mis cosas un tanto molesto, y cuando me bajé del autobús, aún tenía en el rostro un dejo de fastidio por tener que llegar nuevamente al hogar. Tome un taxi, pero cuando iba llegando, no podía creer lo que mis ojos veían: mi casa estaba completamente en ruinas. Consumida totalmente; al igual que otras tres casas en la misma calle.

El lugar estaba desierto; de manera que me dirigí a casa de una tía que vive a pocas calles de ahí, y fue donde me enteré de que un corto circuito provocado por una tormenta desencadenó un terrible incendio que lo consumió todo en pocos minutos.

Yo estaba paralizado, no podía creer lo que pasaba; reaccióné a medias, y pregunté por mi familia. Mi tía comenzó a llorar y mi tío me dijo con voz entrecortada: "todos murieron... el incendio fue hace tres días; tus hermanos y tus padres fallecieron al siguiente día, y a tu madre la enterramos apenas ayer".
La noticia me sacudió terriblemente, comencé a temblar sin control, y me tumbé en un sillón al sentirme mareado. sollozaba, y con un hilo de voz, pero fuego en la mirada pregunté a mis familiares por qué no me habían avisado. La respuesta me terminó de matar: "hijo, intentamos hacerlo, pero no dejaste dicho a dónde ibas; además tu madre me hizo prometer que no te diría, 'Emilio dejó muy en claro que no quería saber nada de nosotros', me dijo... y de hecho, estas fueron sus últimas palabras".
De lo que pasó después no recuerdo mucho, porque me desmayé al escuchar esto último. Solamente tengo en la mente la imagen borrosa de mi primo el mayor, mirándome con una mezcla de odio y compasión y diciendo algo así como "felicidades, primo, se te cumplió tu deseo".
Desde entonces mi vida es un infierno. Tuve que dejar la escuela y he rodado de trabajo en trabajo, de cuarto en cuarto, porque en ningún lugar me siento a gusto. Tengo un techo que me guarece, pero no un lugar cálido y acogedor al que pueda llamar "hogar". Duermo poco por las noches, y cuando lo hago, sueño que estoy en casa, con mi familia. Veo a mi madre sonriéndome; y de repente todo se torna oscuro; escucho llantos y quejidos, gritos de desesperación, susurros estridentes que jamás terminan; y despierto entre las lágrimas y el sudor. Ya no sé si es más terrible el sueño o la realidad que estoy viviendo.
Ayer fui al panteón por primera vez desde que pasó todo aquello. No me atrevía a ir, pero lo hice por fin. Fue un sentimiento espantoso, desgarrador. No puedo con la culpa. Desearía regresar el tiempo y cambiar mi decisión. Si hubiera escuchado a mamá, si le hubiera hecho caso, el incendio hubiera consumido una casa vacía; porque estaríamos en San Juan con los abuelos; quienes, por cierto, no quieren saber nada de mí, y no los culpo.

¿Saben? de un día para otro me quedé sin familia, sin hogar, y con una pesada carga sobre mis hombros. He pensado en el suicidio en incontables ocasiones, pero es tanto el remordimiento, que me armo de valor y prefiero seguir viviendo. Sobrevivir es el mejor castigo que podría recibir. Vivir muriendo un poco más cada día. Atormentándome lenta y constantemente. Al fin y al cabo, como dijo mi primo, ya tengo lo que quería; aunque al momento de desearlo no sabía realmente lo que pedía.
Mi nombre es Emilio, tengo 24 años, esta es mi historia, y desgraciadamente viví para contarla.

**El término "efecto mariposa" fue utilizado en la década de los 60 por el meteorólogo Edward Lorenz; quien buscaba predecir el tiempo mediante un modelo matemático. Lorenz sostenía que a menudo un pequeño detalleo una pequeña variación bastaba para cambiar totalmente la predicción completa.