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viernes, 2 de marzo de 2007

DISCRIMINADAS CONSENTIDAS

Hace algún tiempo, una joven madre de familia amiga mía me comentaba orgullosa acerca de lo bien que iba su pequeña hija en la escuela. Sus calificaciones eran inmejorables y su comportamiento no podría ser mejor. Sabía ella por supuesto, que de no ser así se haría merecedora de un castigo ejemplar con un cinturón o cualquier cosa que se le pareciera. "La letra con sangre entra" pensaba mientras la escuchaba hablar. Me comentó esta amiga mía que le exigía a su hija un buen desempeño académico porque cuando estuviera grande tenía que aprender a defenderse y a valerse por sí misma; aunque por otro lado, no todo era exigencia, sus padres la consentían hasta donde podían, aún más que a los hijos varones, puesto que, según sus palabras, quien sabe qué clase de marido le irá a tocar, y si las van a mantener "como Dios manda".
Encontré aquí una gran contradicción, por un lado, el mensaje que se le da a la hija es: "esfuerzate ahora para que el dia de mañana te valgas por tí misma"; pero por otra parte recibe un mensaje totalemnte opuesto: "te consiento porque COMO ERES MUJER, estás condenada a ser sobajada y mantenida y no se sabe si quien elijas por marido te salga cumplidor". Por desgracia estos mensajes también son enviados a los hijos varones, y generalmente, tanto hombres como mujeres entienden mejor el segundo.
Desafortunadamente la mayoría de las mujeres crecemos bajo esta ambigüedad de conceptos, y lo peor es que nos acostumbramos a que es lo correcto y lo normal, cuando lo ideal sería que se nos hiciera comprender que estamos en igualdad de circunstancias con los hombres y que no tenemos por qué esperar a que se nos mantenga cuando tenemos las armas y las herramientas para sobresalir por nosotras mismas.
He visto cantidad incontable de luchas, reclamos, manifestaciones, a favor de la mujer, en contra del machismo; pero esta lucha jamás será fructífera si seguimos educando a nuestras hijas para ser la "esposa de...", y peor aún, si por un lado les decimos que deben ser autosuficientes, y por otro les inculcamos la cultura de la subordinación.
La discriminación a la mujer existe simple y sencillamente porque así lo permitimos las mujeres, la alimentamos día a día, en la formación que damos; de día somos grandes y fuertes luchadoras feministas-sociales, y en la noche nos dedicamos a consentir más a las hijas porque "quien sabe si tendrá la capacidad de elegir correctamente a quien la ha de mantener."

La discriminación empieza por casa, cuando no valoramos ni confiamos en la capacidad de nuestras hijas, ya sean grandes o pequeñas; y en lugar de alimentar su fortaleza, seguridad y deseo de superación, las subestimamos consintiéndolas hasta el extremo, o todo lo contrario, exigiendoles que atiendan a los hermanos.

Me preguntaba yo si esta joven mamá habría probado indagar los motivos por los cuales su niña a veces no ponía empeño en el estudio; si hablara con ella para conocer si tenía algún problema o quizás la explicación del maestro no le era suficiente. Tal vez si se comunicara con ella en lugar de aplicar severos correctivos que a la larga podría acarrear problemas de rebeldía o aversión por el estudio, se llevaría una gran sorpresa.

Cada quien, como padres, somos responsables por la educación de nuestros hijos, pero no hay que olvidar que estos hijos forman y formarán parte de una sociedad en la cual su comportamiento y carácter afectará positiva o negativamente a su entorno y a las personas que se encuentren a su alrededor.
Forjar mejores ciudadanos del mundo, con metas claras, criterio amplio y reponsabilidad, ayudará a que la mujer sea valorada por sus logros y no por ser "la esposa de..." o "la madre de..."
Ojalá algún día aprendamos que la comunicación y el respeto a nuestros hijos son la base y el principio para una mejor sociedad.

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