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lunes, 12 de febrero de 2007

MATERNIDAD DE REVISTA

Cuando nació mi primer hijo, procuré informarme por todos los medios posibles acerca del cuidado que necesitan los bebés. Al igual que en el embarazo, en todos los artículos y revistas "especializadas" que leía, el argumento al final siempre era el mismo: tener un bebé en casa es algo único y maravilloso que se disfruta plenamente. Y en efecto así es; una vez que aprendemos a disfrutar hasta el llanto insistente del bebé, los cambios de pañal, y hasta encontramos gracioso cuando vomita la leche que acaba de tomar encima de nosotros. Quizás haya algo de masoquismo en todo esto, pero definitivamente el concepto de "disfrutar" no es el mismo en la vida real que en las publicaciones relacionadas con el tema.
Algo que me llamaba la
atención, sobre todo en las revistas, era que siempre aparecían imágenes de bebés sonrosados, rebosantes y sonrientes; y de madres impecablemente maquilladas, con peinado casi de salón, incluyendo el tinte, luces o mechas sin un indicio de raíz, con una sonrisa perfecta y semblante tranquilo y feliz. Y esta clase de fotografías aplicaba para todo, incluso en los artículos que trataban temas como cólicos, enfermedades o trastornos de sueño de los niños.
Siendo sincera, yo me preguntaba extrañada por qué la imagen de esas madres jóvenes y perfectas no coincidía en lo absoluto con lo que veía en el espejo: ojeras marcadas por falta de sueño, el cabello recogido porque no daba tiempo de otra cosa, y ni hablar del maquillaje, que se perdía en algún lugar del tiempo y espacio entre los biberones y los cambios de pañal.
Desafortunadamente, mi bebé nació con bajo peso, lo cual trajo muchas complicaciones; ya que su salud se veía constantemente afectada, ya sea por los cambios de clima o por trastornos digestivos como reflujo y cólicos debido a la inmadurez de sus órganos. Fue en este punto en donde leía las revistas que abordaban estos temas, mas que nada por distraerme que por aprender; pues nada como la práctica y el convivir con el niño para aumentar los conocimientos en estos menesteres; además de que artículos de esta índole no son, en mi opinión, para tomarse en serio. Y para que no quede duda, transcribo un fragmento extraído de una revista "especializada" en maternidad y bebés:
"Crea una rutina para ir a dormir: un baño con agua caliente y un relajante masaje con esencia de manzanilla ayuda al bebé a conciliar el sueño. Después del baño, puedes cantarle una canción y leerle un cuento. Si haces esto todas las noches, tu pequeño se acostumbrará a identificar la hora de dormir."
Estas líneas, por supuesto, están debidamente acompañadas por su respectiva y conmovedora fotografía de un bebé plácidamente dormido junto a su madre, quien a pesar de estar durmiendo con su hijo, luce un maquillaje natural y un peinado que ya lo quisieran muchas de las "top models" de actualidad.
Y es que al leer cosas como estas, una no puede evitar dejar escapar una risa sarcástica, pensando en que después del cansancio y las presiones diarias que implica el cuidado de un bebé, ya no quedan ánimos y mucho menos energía para hacer una "rutina" que llevarían en promedio hora y media, entre el baño, la cantada y el cuento; para esta hora, lo único que quieres es DORMIR, sin importar mucho el peinado o el maquillaje.

De manera que, sin interesarme, y exponiéndome a que el autor de este artículo podría "excomulgarme" del gremio maternal por no seguir sus "sabios" consejos, decidí acostumbrar a mis hijos a conciliar el sueño por sí mismos desde bebés; lo cual me ha funcionado bastante bien, pues a partir de las 9:00 pm (y a veces antes) "mamá" ya no existe. Los pequeños duermen tranquilamente o por lo menos se encuentran en dicho proceso, sin necesidad de baños tibios y masajes con manzanilla, los cuales, por cierto y en todo caso, a quien le vendrían de maravilla sería a la madre.
La moraleja en todo esto es no dejarse llevar por autores "expertos" en la materia; pues si bien es cierto que muchas ocasiones las revistas e información que existe acerca de este tema son de gran ayuda, también es verdad que cada familia es diferente, y que la realidad supera, por mucho, las imágenes de madres impecables y bebés contentos y apacibles que aparecen en las revistas.
Tomemos lo mejor y lo que nos sirva de cada lectura, y lo demás ignorémoslo (incluyendo las fotos, para evitar futuros traumas), sin olvidar jamás que lo único que nos puede hacer mejores padres es convivir y conocer a nuestros hijos para lograr una comunicación abierta y armoniosa.

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