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miércoles, 21 de febrero de 2007

EL PEOR ENEMIGO

"EL PEOR ENEMIGO" PARTE II


Al levantarme y mirarme al espejo, lo primero en lo que pienso es en que ahora sí estará difícil disfrazar el moretón. Mientras me maquillo, poniendo especial atención al color violáceo del pómulo izquierdo, me digo a mí misma que no tengo por qué seguir soportando esto. Sin embargo, una parte de mí se siente insegura y trata de convencerme de que es normal, de que nos pasa a todas, y sí; siempre termina por persuadirme de que en efecto, así es. Acomodo mi cabelo hacia el lado frágil, e intento recordar cuándo fue la primera vez que sus palabras se convirtieron en golpes, sus gritos en agresiones y su cálida risa en burlas.
No lo recuerdo con exactitud. Lo que sí recuerdo es que cuando éramos novios, encontraba sus constantes ataques de celos un tanto halagadores; y aunque alguna vez hubo jalones, reclamos subidos de tono, en aquel entonces sólo pensé que tenía el carácter fuerte. Y después de todo, a mí siempre me dijeron que el hombre debía ser fuerte, pero me parece que me equivoqué al interpretar esa fortaleza como protección, porque, por lo que veo, es todo lo contrario.
Sigo mirándome en el espejo tratando de quedar conforme con lo que veo y continúo mi arreglo esbozando una leve sonrisa...leve, ya que aún siento adolorida la comisura de los labios...sonrío al recordar los comentarios de amigos en común: "eres muy afortunada al haberte casado con este buen hombre", "tu marido es un amor, ¡mira nada más el arreglo de rosas que te ha enviado!" "¡qué envidia! ya quisieran muchas un esposo como el tuyo". ¡ja! ¿envidia? si supieran que lo único que me podrían envidiar es el maquillaje cada vez más costoso y abundante para disfrazar los golpes, y las rosas.... nunca antes la belleza de una flor había sido tan morbosamente utilizada. Empiezo a sentir repulsión por el olor a rosas...es el olor del desamor, de la hipocresía.
Hace unos días mi mejor amiga me preguntó por qué aún seguía con él. Ni yo misma lo entiendo. Le contesté que él no es mala ´persona; tiene un carácter explosivo pero no es mala persona; me contestó que un hombre que agrede física y verbalmente no puede ser una buena persona, pero lo peor de todo esto es que yo aún lo sigo creyendo.
Hoy como otros días, espero llegar a la oficina enfundada en un traje sastre, y lentes oscuros. El traje ocultará las marcas de brazos y piernas, los lentes, la hinchazón de mi rostro, el maquillaje, la palidez del miedo y el color de la agresión; y mi sonrisa, dismulará perfectamente la impotencia y el asco cuando vea sobre mi escritorio el arreglo de rosas, mientras pienso que a este paso, en lugar de dejarlas sobre mi escritorio, uno de estos días las dejará sobre mi tumba...¿de que color serán esta vez? ¿rojas? ¿amarillas?...no importa, el color siempre es el mismo, es el tono grisáceo de su alma, de su mente retorcida y de su aire de machista.
Me miro al espejo por última vez, y me repito que no tengo necesidad de soportar esta situación. Una mujer ignorante, quizás, pero una empresaria exitosa...es una pena. Una lágrima logra colarse entre los anteojos y el delineador. No, ni una empresaria, ni un ama de casa, ni mujeres ignorantes ni experimentadas ni frívolas ni inteligentes...ninguna, nadie se merece un trato así.
Respiro profundo, tomo mis llaves, mi maletín, y al subir a mi lujoso automóvil, me encuentro nuevamente con mi imagen en el retrovisor. Nadie lo merece, ni yo, pero así es la vida. El error quizás fue mío al no saber elegir. Y nuevamente me convenzo de que es un buen hombre, de que si me alejo me puede ir peor. Puedo lidiar con esto, pero no se si pueda hacerlo con la crítica imperdonable de la sociedad, de amigos y familiares, y en el peor de los casos, con su ira descontrolada si lo llego a denunciar.
Un último vistazo al espejo. El atuendo esconde las marcas físicas, pero desafortunadamente no hay un disfraz para las que van quedando en el alma. Tomo un pañuelo desechable y me encargo de que no quede huella alguna de aquella lágrima indiscreta. Mis empleados no deben ver a su superior como alguien vulnerable. De manera que nuevamente llegaré saludando con una sonrisa, ganándome el pan de cada día y el respeto de la gente con una falsa actitud de seguridad y optimismo.
Enciendo el motor y me alejo pensando en que últimamente los espejos se han vuelto mis peores enemigos. O quizás mi peor enemigo es el hombre que amo, o aún peor, soy yo misma.

"EL PEOR ENEMIGO" PARTE II

**Cada día, miles de mujeres de toda clase y estratos sociales son agredidas física y verbalmente por la persona que se supone, más las ama y las respeta. Esta situación puede cambiar si terminamos con el estereotipo de educar a las niñas para ser mantenidas o sentirse menos que los hombres; e inculcamos a los niños el respeto a la mujer y a sus semejantes.**

lunes, 12 de febrero de 2007

MATERNIDAD DE REVISTA

Cuando nació mi primer hijo, procuré informarme por todos los medios posibles acerca del cuidado que necesitan los bebés. Al igual que en el embarazo, en todos los artículos y revistas "especializadas" que leía, el argumento al final siempre era el mismo: tener un bebé en casa es algo único y maravilloso que se disfruta plenamente. Y en efecto así es; una vez que aprendemos a disfrutar hasta el llanto insistente del bebé, los cambios de pañal, y hasta encontramos gracioso cuando vomita la leche que acaba de tomar encima de nosotros. Quizás haya algo de masoquismo en todo esto, pero definitivamente el concepto de "disfrutar" no es el mismo en la vida real que en las publicaciones relacionadas con el tema.
Algo que me llamaba la
atención, sobre todo en las revistas, era que siempre aparecían imágenes de bebés sonrosados, rebosantes y sonrientes; y de madres impecablemente maquilladas, con peinado casi de salón, incluyendo el tinte, luces o mechas sin un indicio de raíz, con una sonrisa perfecta y semblante tranquilo y feliz. Y esta clase de fotografías aplicaba para todo, incluso en los artículos que trataban temas como cólicos, enfermedades o trastornos de sueño de los niños.
Siendo sincera, yo me preguntaba extrañada por qué la imagen de esas madres jóvenes y perfectas no coincidía en lo absoluto con lo que veía en el espejo: ojeras marcadas por falta de sueño, el cabello recogido porque no daba tiempo de otra cosa, y ni hablar del maquillaje, que se perdía en algún lugar del tiempo y espacio entre los biberones y los cambios de pañal.
Desafortunadamente, mi bebé nació con bajo peso, lo cual trajo muchas complicaciones; ya que su salud se veía constantemente afectada, ya sea por los cambios de clima o por trastornos digestivos como reflujo y cólicos debido a la inmadurez de sus órganos. Fue en este punto en donde leía las revistas que abordaban estos temas, mas que nada por distraerme que por aprender; pues nada como la práctica y el convivir con el niño para aumentar los conocimientos en estos menesteres; además de que artículos de esta índole no son, en mi opinión, para tomarse en serio. Y para que no quede duda, transcribo un fragmento extraído de una revista "especializada" en maternidad y bebés:
"Crea una rutina para ir a dormir: un baño con agua caliente y un relajante masaje con esencia de manzanilla ayuda al bebé a conciliar el sueño. Después del baño, puedes cantarle una canción y leerle un cuento. Si haces esto todas las noches, tu pequeño se acostumbrará a identificar la hora de dormir."
Estas líneas, por supuesto, están debidamente acompañadas por su respectiva y conmovedora fotografía de un bebé plácidamente dormido junto a su madre, quien a pesar de estar durmiendo con su hijo, luce un maquillaje natural y un peinado que ya lo quisieran muchas de las "top models" de actualidad.
Y es que al leer cosas como estas, una no puede evitar dejar escapar una risa sarcástica, pensando en que después del cansancio y las presiones diarias que implica el cuidado de un bebé, ya no quedan ánimos y mucho menos energía para hacer una "rutina" que llevarían en promedio hora y media, entre el baño, la cantada y el cuento; para esta hora, lo único que quieres es DORMIR, sin importar mucho el peinado o el maquillaje.

De manera que, sin interesarme, y exponiéndome a que el autor de este artículo podría "excomulgarme" del gremio maternal por no seguir sus "sabios" consejos, decidí acostumbrar a mis hijos a conciliar el sueño por sí mismos desde bebés; lo cual me ha funcionado bastante bien, pues a partir de las 9:00 pm (y a veces antes) "mamá" ya no existe. Los pequeños duermen tranquilamente o por lo menos se encuentran en dicho proceso, sin necesidad de baños tibios y masajes con manzanilla, los cuales, por cierto y en todo caso, a quien le vendrían de maravilla sería a la madre.
La moraleja en todo esto es no dejarse llevar por autores "expertos" en la materia; pues si bien es cierto que muchas ocasiones las revistas e información que existe acerca de este tema son de gran ayuda, también es verdad que cada familia es diferente, y que la realidad supera, por mucho, las imágenes de madres impecables y bebés contentos y apacibles que aparecen en las revistas.
Tomemos lo mejor y lo que nos sirva de cada lectura, y lo demás ignorémoslo (incluyendo las fotos, para evitar futuros traumas), sin olvidar jamás que lo único que nos puede hacer mejores padres es convivir y conocer a nuestros hijos para lograr una comunicación abierta y armoniosa.

martes, 6 de febrero de 2007

ENCONTRANDO LA FUERZA INTERIOR

Existen situaciones en la vida que nos obligan a ser mas fuertes de lo que creemos, demostramos, o pensamos ser. Y es que la fortaleza es una de esas cualidades que a menudo se esconde en lo mas profundo del ser; y sucede que entre los miles de defectos, cualidades y alguna que otra virtud, la fuerza interior no es algo que se pueda encontrar a simple vista.
Demostramos la fortaleza que tenemos día a día, al enfrentar situaciones de estrés, de riesgo o simplemente soportando un terrible dolor de cabeza con una sonrisa. Muchas personas no ven estas circunstancias como una demostración de firmeza; es tan cotidiano que pasa desapercibido. No es así si tomamos la vida con sus ires y venires como una guerra en la cual se libran diversas batallas, quizás pequeñas, o tal vez grandes peleas, y en ambos casos, a veces se gana y otras se pierde; y el sabor de la derrota es, sin duda, un aliciente para disfrutar sin límites las mieles de la victoria de alguna de estas batallas, por pequeña que sea.
En cualquier caso, la fortaleza es algo que todos tenemos, algunos más escondida que otros, pero todos traemos de nacimiento nuestra buena dotación de valentía y capacidad para enfrentar los miedos.
Como en el caso de la autoestima, la fuerza interna no se consigue de un día para otro, ni mirándose horas al espejo tratando de encontrarla en la profundidad de la mirada; mas bien es algo que se construye a base de estímulos externos, ya sea inducidos voluntariamente por nosotros mismos, o por terceras personas, o simplemente por la inercia de alguna situación difícil a la que llegamos a enfrentarnos no por decisión propia, sino porque diversas circunstancias nos llevaron hasta ahí. Este tercer caso de estímulos externos son los más comunes en el proceso del descubrimiento de la fortaleza; y por lo general suele presentarse en forma de algún problema fuerte de salud, de alguna defunción cercana o de una situación económica desfavorable. Pero en cualquiera de estas situaciones, lo importante es saber mantener la calma y tratar de pensar con lucidez, apoyarnos en lo que mas creemos o en quien mas confiamos, y sobre todo, jamás olvidar que una de las maneras más comunes en las que se suele presentar la fuerza interior es reconociendo que necesitamos ayuda externa, y aún más, cuando nos atrevemos a solicitarla.
En el momento mismo en que nos demos cuenta de lo fuertes que podemos llegar a ser, la reacción siempre es igual: o nos espantamos de la enorme capacidad que jamás creímos tener para enfrentar nuestros miedos, o la tomamos de frente para canalizarla a nuestro favor; lo cual siempre nos llevará, inevitablemente, a una pequeña gran victoria cotidiana, que se volverá tan común, como para no darnos cuenta de las batallas que libramos (y que ganamos, gracias a nuestra entereza) día a día. Y es en este punto en el cual regresamos a donde empezamos; la fortaleza nuevamente pasa desapercibida perdida entre virtudes, defectos, cualidades y roles desempeñados a lo largo del día; hasta que, uno de esos días, se nos presente otra situación difícil que nos obligue a mirar hacia adentro y encontrarnos de nuevo con nuestro "escudo protector", y ese día nuevamente, nos iremos a la cama quizás con una sonrisa en el rostro pensando en lo fuertes y capaces que somos; y dormiremos pensando en la miel de la victoria de la siguente batalla.
¿Que si se convierte en un círculo, tal vez vicioso, el encontrar y buscar la fuerza interior?...sí, tal vez...pero qué es el andar por esta vida sino una inmensa "rueda de la fortuna"?...