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lunes, 29 de enero de 2007

RESPONSABILIDAD COMPARTIDA

"No me caso hasta que mi novia aprenda a cocinar"....frase célebre de muchos hombres, aún en la actualidad. Palabras muy trilladas, muy comunes y muy "varoniles" quizás; pero desafortundamente para ellos, totalmente fuera de orden. Hoy en día esa frase ya no aplica simple y sencillamente porque la mujer se encuentra ya en igualdad de circunstancias con el hombre. Tanto en el ámbito profesional y laboral como en el personal, ha venido ganando terreno.

Lo que no se alcanza a comprender del todo es que si ellas pueden salir a trabajar, atender una casa, educar a los hijos y cocinar, ¿por qué el hombre no podría hacer lo mismo o por lo menos la mitad? La respuesta esté quizás, en la educación que recibimos desde pequeños; pues aún con todos los avances logrados, muchas vec
es se nos educa diferente a hombres y mujeres: al hombre se le educa no para que aprenda a hacer las labores del hogar, sino par ser el "eposo atendido" y a la mujer se le educa para tener la aptitud de hacer mil cosas a la vez, lo cual incluye, por supuesto, atender al marido; cuando lo ideal sería que se nos diera a ambos las armas para defendernos tanto en lo profesional como en el hogar; educar bajo el concepto de responsabilidad compartida sigue siendo, hasta ahora, una necesidad apremiante para el óptimo desarrollo personal, así como para lograr un matrimonio estable y armonioso basado en el respeto y la igualdad.

Es verdad que la capacidad intelectual y la fuerza interior son cualidades que, por lo general, en las féminas están más desarrolladas; pero con un poco ( o un mucho, según sea el caso) de esfuerzo, los hombres también pueden llegar a alcanzar altos niveles tanto de intelecto como de fortaleza.


De manera que no existe ya excusa alguna para que los hombres no se apliquen y se decidan a ponerse un delantal para entrar en la cocina, territorio hasta hace poco considerado como la "dimensión desconocida"; ahora que si dicha tarea se les dificulta un poco, pueden optar por una suscripción a alguna revista de cocina, o intentar primero con otras labores propias del hogar. No hay que olvidar que el tiempo corre; y la mentalidad se abre cada vez más a nuevos horizontes; así es que no es de extrañarse si un día se escucha a una mujer comentar a sus amigas: "yo no me caso hasta que mi novio aprenda a cocinar...y a barrer, trapear, lavar, planchar..."

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