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jueves, 7 de diciembre de 2006

RADIANTE Y FELIZ


Cuando me enteré de que estaba embarazada no fue un momento precisamente feliz. Me sentí temerosa y llena de incertidumbre ante el futuro inesperado que me aguardaba. Conforme fue avanzando mi estado, empecé a informarme por los medios que tenía a mi alcance acerca de todo lo que conlleva un embarazo. Libros, revistas, sitios de internet, comentarios de amigos y familiares, todo era lo mismo: "La mujer embarazada es una mujer radiante y feliz", "el embarazo es el estado IDEAL de la mujer", y cosas por el estilo. Yo me preguntaba, ¿cómo puede ser el estado ideal estar siempre cansada, vomitando todas las mañanas?. En fin, ya para el final del embarazo, cuando la gente me preguntaba ¿cómo estás, como te sientes? yo solo atinaba a decir con cierto sarcasmo: "deseando estar sedada hasta que termine, gracias". Las personas solían verme como animal raro, con una expresión de sobresalto y el rostro desencajado. Me puedo imaginar lo que pensaban en aquellos momentos "qué madre desnaturalizada, cómo puede decir semejante cosa estando embarazada", "en lugar de estar feliz y agradecida por su estado" etc. etc. Es en este momento donde se me contrapunteaban las cosas que sentía con las cosas que leía, veía o escuchaba. "Estás ahora en el séptimo mes de tu embarazo, seguramente te sientes emocionada, estás radiante", decía un artículo en un sitio de internet. ¿radiante?...no, precisamente; tenía los pies hinchadisimos, casi no podía respirar, en las noches no dormía entre las veces que me levantaba al baño y la eterna lucha por encontrar una posición cómoda; tenía acidez, dolores de cabeza, la espalda me mataba y caminaba con dificultad por el peso. De manera que no comprendía el significado real de "radiante"; al parecer las personas que escribieron el artículo no tenían muy claro este concepto. Con el tiempo, cuando me preguntaban cómo me sentía, sólo esbozaba una sonrisa falsa y un muy forzado "bien" salía de mis labios, mas no de mi interior. ¿por qué? porque estaba harta de soportar las expresiones de extrañeza de cuantos me lo preguntaban, porque estaba hastiada de que cuando decía "me siento muy mal" la gente me preguntaba llena de curiosidad "¡¿pero por qué?!" Ganas me daban de contestar "a ver, qué parte no es la que estas viendo? ¿la panza que traigo y que a penas me permite moverme, las ojeras que me llegan casi a las rodillas por no dormir bien, la cara demacrada que tengo o el que siempre me esté sobando la espalda con gesto de dolor?". En fin, todo este proceso me hizo pensar, y la conclusión a la que llegué es que el embarazo es otra de las etapas de la mujer que está rodeada por un manto místico, irreal de lo que significa en realidad. No, señoras y señores, el embarazo NO es el estado ideal de la mujer, al menos no de todas. ¿O acaso es ideal estar siempre vomitando?. Si bien es cierto que el estar embarazada conlleva cierta emoción, esperanza y despierta muchos sentimientos de protección y cariño, también hay que ser realistas y aceptar que es un estado un tanto pesado para la mujer. No dudo que haya muchísimas futuras madres que disfrutan realmente estar embarazadas, sin embargo, no todas las mujeres somos iguales ni vivimos esta etapa de la misma forma. La verdad es que hay demasiados mitos y fantasías que se nos dicen acerca de este tema. Me parece que la sociedad debiera de aceptar que el estar "fabricando" una vida no es algo para nada sencillo, y los conflictos emocionales y de culpa a los que somete a las mujeres en esta situación al no aceptar un "me siento mal" por parte de ellas, únicamente agrava el problema y le da mas armas a la depresión post parto para hacerse presente. De manera que no debemos crucificar a las mujeres en estado gestante por el solo hecho de decir la verdad y ser sinceras acerca de sus sentimientos y su condición física y emocional. ¿Radiante y feliz? sí, demasiado, así me sentí, el día que teminó mi embarazo y pude sentir por fin a mis pequeños entre mis brazos. Ese es el verdadero momento inexplicable, y por este solo instante es cuando se mira hacia atrás sólo para darse cuenta de que todo lo padecido ha valido la pena; aunque después de haber pasado dos instantes como este, definitivamente no lo volvería a hacer.

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