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miércoles, 29 de noviembre de 2006

AUTOESTIMA COLECTIVA

Aunque a veces no lo quisiéramos, vivimos dentro de una sociedad que exige, que juzga, castiga, y en algunos casos, premia.
Contrario a lo que la mayoría de la gente pensaría, la autoestima no siempre es propia de uno mismo; ya que para construirla hacen falta muchas veces estímulos externos que nos permitan sentirnos bien, a gusto con lo que somos. Una palmada en la espalda, una felicitación, o algo tan simple como "que lindos ojos tienes" son pequeños detalles que pueden ser decisivos, o casi hasta milagrosos en el proceso de construcción de la autoestima.
He escuchado decir que debemos amarnos y respetarnos a nosotros mismos si queremos ser amados y respetados; que la autoestima solo nosotros podemos conseguirla. He leído infinidad de artículos que sugieren, entre otras cosas, actividades como mirarse al espejo cada día y repetirse hasta el cansancio que somos maravillosos, que no hay nadie como nosotros. Y pretenden que con este y otros "ejercicios" elevemos nuestro amor propio.
Pues bien, no siempre es así. No con todos. El hombre es un ser social por naturaleza; vivimos en pequeños grupos llamados familias, convivimos con personas cercanas a nosotros, desempeñamos diversos roles a lo largo del día. No somos solo "yo", somos hijos, padres, hermanos, amigos, jefes, compañeros, etc. El entorno en el cual nos desenvolvemos nos influye y ayuda (o todo lo contrario) a definir nuestra personalidad, nuestra identidad como personas.
De manera que ¿por qué deberíamos pensar que la autoestima es un algo que está totalmente fuera de este ambiente?
Pongamos por ejemplo el caso de aquel niño que tiene padres demasiado severos, los cuales lo menos que le dicen a diario es "eres un completo inútil" "no sabes hacer nada bien" o frases del mismo calibre. Un niño en estas condiciones, que crece y se desarrolla escuchando todo el tiempo lo malo que es, obviamente no va a tener la misma autoestima que un pequeño al cual sus padres ayudan, apoyan e impulsan a seguir adelante.
Falso eso de que "si no consigues amarte tu solo, nadie lo hará por ti o te dirá cómo hacerlo". No, quizás nadie te dirá explícitamente cómo hacerlo; pero lo que sí es cierto es que habrá muchas personas que influirán decisivamente en que tu autoestima sea fuerte o débil.
Nosotros quizás tengamos que hacer la mayor parte, pero no olvidemos todo lo que nos rodea. Una ayuda externa siempre será bienvenida.
En este punto surge una pregunta, que dejo abierta a criterio de cada quien: ¿qué rol podría ser más difícil, el de emisores o el de receptores de autoestima?

lunes, 27 de noviembre de 2006

LOS MARAVILLOSOS QUINCE

Desde tiempos inmemoriales se vienen creando mitos y leyendas; a veces fantasiosas, otras un tanto escabrosas, que rodean las etapas en la vida de una mujer. Estos mitos son muy variados y van desde costumbres transmitidas de generación en generación hasta artículos periodísticos redactados impecablemente por "especialistas" en el ramo.
Empezamos en una etapa muy joven: los 15 años...ahhhh (suspiro) el "despertar a la vida".... el maravilloso paso de dejar de ser niña para empezar a convertirse en mujer....toda quinceañera es inmensamente feliz, vive ilusionada, enamorada del amor, todo es color de rosa, sha la la sha la la....
¿Realidad? a los quince años, por lo general, ya tienes unos dos o tres sufriendo de cólicos menstruales, irritabilidad, cambios de humor y la incomodidad que caracteriza dicho proceso. Te empiezan a salir barros, quizas hasta en lugares que ni tu sabias que existian. Te empiezas a interesar por los chicos, y oh sorpresa!! te das cuenta de que todos son un montón de rufiancitos a quienes sólo les interesan los videojuegos, los amigos y el futbol; y los más "maduros" se la pasan viendo pornografía en internet. ¡Qué desilusión!.. y eso sin mencionar que aunque por un lado, todos te dicen que ya eres una "señorita", que ya te estas "convirtiendo" en mujer (¿qué no lo somos desde que nacemos?); resulta que tu mamá no te permite maquillarte; si sales, tu hermanito va de chaperón, las fiestas se terminan a las 11 de la noche, y para colmo, no puedes ni siquiera rentar una buena película sin que te pidan que demuestres que tienes mas de 18 años. "¿Pues no que ya soy mayor?" te preguntas confundida... sí, lo eres, pero no lo suficiente. Y toda esta confusión se ahorraría si no tuvieras el estereotipo de la "quinceañera feliz" que se te inculcó desde que estabas en la cuna. Todo mundo se dedicó a decirte y convencerte de que los 15 años son maravillosos, de que la vida empieza a florecer a esa edad. Te lo pintaron como un cuento de princesas mejor estructurado que cualquier película de disney; tanto, que la prisa que tenías por crecer casi te impide disfrutar la inocencia de la niñez.
Nadie dijo jamás que a los 15 empiezas a vivir, sí, pero a vivir la realidad del mundo de los "adultos". En lugar de orientarnos se nos dice una sarta de mentiras y fantasías que de tanto repetirlas por generaciones, terminamos por decirlas también a nuestras hijas y nietas, aún sabiendo que es una falacia. La magia, la ensoñación que rodean los quince años es algo totalmente utópico. ¿Cómo puede ser posible que el mayor anhelo de una chica de 13 o 14 años sea desfilar enmedio de una columna de niños que se alquilan como chambelanes vestidos de militares con espadas de aluminio? ¿Qué no podemos ir un poco más allá? ¿No podemos sembrarles una dosis de ambición, balanceada con un poco de realidad, y, por qué no, unas gotas de ilusiones?. Tal vez si tus padres te hubieran hablado con sinceridad, y si los medios a los que tenías acceso no repitieran aquello de "los maravillosos quince", hubieras disfrutado mucho, y sin prisas, el jugar con tus muñecas.