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miércoles, 27 de diciembre de 2006

ENTRE RISAS Y MENTADAS


Se avecina el 2007; y entre las prisas y las compras de última hora, el pavo, los buñuelos, el ponchecito y los regalos (donde los haya, por supuesto), sería bueno tomar un descanso. Un tiempo con nosotros mismos para hacer un recuento del año que se va. Consintámonos un poco. Tomemos una taza de ese rico ponche (con piquete), o en su defecto, un calientito y aromático café de olla; nos envolvemos en un grueso y abrigador cobertor, y veamos: El 2006 nos trajo de todo. Penas, alegrías, salud, enfermedad, éxito, fracasos, bendiciones, maldiciones, y uno que otro recordatorio familiar. Sin embargo, entre risas y mentadas, hay algo que prevalece: la fuerza interior y el buen humor para enfrentar las situaciones adversas. Por mi parte, no acostumbro hacer propósitos de año nuevo; primero porque hay algunos que solo se quedan en promesas, por una u otra razón; y segundo, porque el sentimiento de tristeza y frustración que surge cuando no salen las cosas como uno lo espera, es bastante molesto. De tal forma que en lugar de propósitos, prefiero hacer votos. Votos por la salud y la armonía de mi familia y mi hogar; por seguir gozando la bendición enorme de contar con mis amigos, por la salud física, mental y emocional de los que me rodean, y hasta por la gente que pudiera destilar mala vibra, si la hubiera, para que se les regrese unas tres o cuatro veces. Así que, con mucho amor por la vida, miro de frente al 2007, con las manos llenas de sueños y proyectos; con optimismo en el corazón, con una carga de inquietudes, dudas y temores sobre mi espalda; y adelante un escudo protector de fe, ambiciones, y más risas y más mentadas que el año anterior. Y bien, después de esta, quizás no tan profunda, pero sí muy sincera reflexión, damos el último sorbo a nuestra taza de poche o café, y nos despojamos del abrigador cobertor que nos envolvía para recibir ahora el aún más acogedor abrazo de nuestros seres queridos, al calor de las doce campanadas que anuncian el principio de un nuevo camino.

FELIZ AÑO NUEVO!!

domingo, 17 de diciembre de 2006

CRÓNICA DE UNA NOCHE DE PAZ


Hace algunos años escribí un texto con motivo de las fechas decembrinas. Hoy lo leí nuevamente y me dí cuenta de que a pesar del paso del tiempo me sigo sintiendo tan agradecida con la vida como en aquel entonces. Dejando un poco de lado el ir y venir propio de estos días, la vanalidad de las fiestas y los regalos, transcribo este texto en este espacio, con el fin de recordar que a menudo las cosas más cotidianas son las que nos hacen sentir de alguna manera que realmente estamos vivos; que nuestro andar por este mundo no es en vano y que a veces entre obsequios y felicitaciones se nos llega a olvidar el regalo mas importante y valioso de todos: la vida misma. Deseándoles a todos la mejor de las navidades y un año nuevo lleno de éxitos les dejo esta pequeña parte de mi vida. La crónica de una "noche de paz". Este texto, que quiero compartir con ustedes, lo escribí especialmente para mi pequeño Erick; esperando que algún día lo lea. Desde que tengo memoria, todas mis navidades han sido maravillosas e inolvidables. Los regalos, la fiesta, y ese ambiente de unión familiar han hecho de esta época algo mágico. Gracias a la formación que recibí de mis padres, conforme fui creciendo me daba cuenta cada vez más de que lo realmente importante en navidad era el poder compartir con los seres queridos. Cuando estuve más grande, al final de cada año, en medio de toda la alegría de estas fechas no dejaba de sentir un vacío y un cierto sentimiento de tristeza. Esta navidad fue bastante diferente. El 24 mi esposo, Andrés, y yo nos pasamos el día recogiendo y limpiando nuestra casa. Para las 6 de la tarde, Erick, nuestro bebé, se puso un tanto inquieto; pues su salud se ha visto un poco afectada debido a los cambios de clima y a cosas propias de su edad. Estuvimos lidiando con él y con el cansancio del día; y algo fastiada me preparaba para salir, mientras me decía malhumorada: "qué nochebuena estoy pasando!!". Ya en la noche fuimos a cenar a casa de mis padres, y el bebé nuevamente se puso difícil. Me pasé la mayor parte del tiempo tratando de calmarlo. Cuando regresamos a casa, alrededor de las 11 de la noche, Erick pidió su biberón y lo acostamos en su cuna. No dormía. Lloraba mucho; de manera que lo tomé en mis brazos y lo paseaba por toda la casa, mientras le cantaba. Al fin se quedó dormido. Lo volvimos a acostar, pero a los 10 minutos despertó llorando. Nuevamente lo cargué y lo paseé hasta que se durmió; pero otra vez despertó llorando al poco tiempo. El "via crucis" duró así hasta las 3 de la mañana. Para esta hora, Erick se sentía mucho mejor, pero no se dormía. Me senté en la cama, a su lado; me sentía sumamente tensa y extremadamente cansada. Lo único que atinaba a pensar era que aquella había sido todo, menos una "noche de paz". En ese momento volví mis ojos hacia la cuna, y mi pequeño me dio una de sus mejores sonrisas. Tiempo después, se fue quedando dormido. Hasta entonces, casi a las 4 de la mañana, Andrés y yo pudimos descansar. Mientras mis ojos se iban cerrando, dando paso a la inconsciencia, pero con el pensamiento aún muy despierto, dí gracias a Dios. Gracias por esta navidad, sin duda, diferente a todas. Gracias porque el cansancio y la tensión me recordaban que tengo una familia con quien compartir estas fechas y una casa dónde disfrutar de ella. Gracias por el llanto de mi hijo que no me dejaba descansar y por haber puesto en mi camino a ese hombre especial que, un tanto malhumorado y fastidiado ahora roncaba a mi lado. Gracias porque todo ello me recordaba lo afortunada que soy. Siempre pensé que la gente exageraba al decir que la sonrisa de un niño no tiene precio. Sin embargo; aquella sonrisa de mi bebé, pasadas las 3 de la mañana, me hizo olvidar por un buen rato las presiones del día. Y puedo decir ahora, que esa sola sonrisa de ese ser tan pequeñito, y a esa hora de la madrugada ha sido, sin duda alguna, el mejor regalo de navidad que jamás haya recibido. Gracias, Dios porque con todo esto me haces ver que estoy viva, gracias por mi familia y por este año maravilloso que ha cambiado mi vida.
FELIZ NAVIDAD!!

miércoles, 13 de diciembre de 2006

LA RUEDA DE LA FORTUNA

Un buen amigo me enseñó la lección más importante de mi vida. Él me dijo una vez: “La vida es como una rueda de la fortuna. Algunas veces estamos arriba y otras, abajo. Los momentos que pasamos abajo nos sirven para disfrutar aún más los momentos que estamos arriba”.

El tiempo ha pasado y aún ahora, estas palabras siguen haciendo eco en mi cabeza. La vida no es fácil; ser, amar, confiar, no es ni remotamente parecido a lo que comúnmente imaginamos cuando somos niños.

Entonces era fácil crearse un mundo lleno de cosas bellas y emocionantes, en el cual nos reservábamos el derecho de admisión. Cuando se es pequeño, lo mismo da ser hoy un superhéroe, mañana un millonario, y después...ya se verá. Para eso siempre hay tiempo, las tareas y la escuela se sobrellevan con un poco de paciencia, a pesar de las protestas y el reto enorme de levantarse temprano todos los días.

Desafortunadamente, con el tiempo llega la edad, y con ella, el dolor, la confusión, y alguna que otra alegría; sin embargo, con el correr de los años aprendemos a sobrevivir, de alguna manera lidiando con toda una gama de sentimientos encontrados. Y las alegrías, que por lo general son pocas, se viven más intensamente cuando tenemos ya bastante tiempo esperando nuestro turno para subir a lo alto de esta loca, pero necesaria rueda de la fortuna, comúnmente llamada “vida”.

Decía mi amigo: “Si todo en la vida fuera felicidad, dime, ¿qué disfrutaríamos?...¡NADA!”

viernes, 8 de diciembre de 2006

¿TRABAJA O ES AMA DE CASA?

La pregunta del millón. Cuando alguien hace esta pregunta; ya sea por una encuesta o para realizar algún trámite, se debería contestar: "soy ama de casa y trabajo más que usted".
Dedicarse al hogar es uno de los trabajos más pesados y peor remunerados (por no decir "sin remuneracíon alguna") que existen.
La mayoría de la gente tiene un horario de trabajo. El ama de casa no tiene hora de entrada, mucho menos de salida. Sin embargo; no falta aquel matrimonio en cual el hombre le dice a la mujer la consabida frasesita "ya quisiera yo estar en tu lugar, y quedarme en casa todo el día". ¿Qué se imaginará este hombre que hace su esposa durante este tiempo? ¿Descansar? ¿Embarrarse diferentes cremas y aplicarse todo tipo de pociones en la piel? ¿Jugar matatena? Sí, claro; y entonces los trates se lavan solos, la comida aparece mágicamente sobre la mesa y la casa limpia y ordenada debe ser producto de un hada madrina.
Una cosa sí es segura: si Dios Nuestro Señor, en su infinita misericordia, le concediera a un hombre como el del ejemplo aquí expuesto, cambiar de lugar con su esposa en estas circunstancias, no soportaría ni siquiera las 24 horas reglamentarias que dura el turno de ama de casa. Seguramente para el final del día, el pobre individuo saldría corriendo desesperado; caería derrotado, de rodillas en plena calle, alzando los brazos al cielo y rogándole a Dios, con lágrimas en los ojos, que le devolviera su antiguo empleo. Que lo llevara nuevamente a la paz y la tranquilidad de su oficina; que le permitiera contemplar otra vez el rostro malhumorado de su jefe, al que ahora, hasta atractivo lo encuentra.
Quizás sea un ejemplo llevado al extremo, pero es en sentido ilustrativo figurado.
El caso es que el dejar todo de lado, quizás toda una vida, como el desarrollo profesional y personal, el recibir un salario, el tiempo para sí misma, los pasatiempos, etc. para dedicarse de lleno a la familia no es tarea fácil. El sacrificio que implica, a veces de perder hasta la propia identidad, la entrega, el amor y la dedicación con que se realiza esta labor no se encuentra en cualquier parte; y en numerosas ocasiones no es algo fácil de sobrellevar. Muchas de estas mujeres no reciben ni las gracias, y aún así no dejan de ser el pilar de sus hogares por más pesado que sea.
Ojalá el estereotipo de la mujer que se dedica al hogar cambiara, y esa pregunta "¿trabaja o es ama de casa?" no se utilizara más.
Ojalá la mentalidad retrógrada de que el trabajar en el hogar es sinónimo de ignorancia se convirtiera en respeto y admiración para estas valerosas mujeres.
Ojalá muchos hombres machistas, que por desgracia persisten aún en estos tiempos, y quienes desearan fervorosamente cambiar de rol con la esposa, entendieran y aplicaran aquel conocido refrán que dice: "cuidado con lo que deseas, porque en una de esas, se te puede cumplir".

jueves, 7 de diciembre de 2006

RADIANTE Y FELIZ


Cuando me enteré de que estaba embarazada no fue un momento precisamente feliz. Me sentí temerosa y llena de incertidumbre ante el futuro inesperado que me aguardaba. Conforme fue avanzando mi estado, empecé a informarme por los medios que tenía a mi alcance acerca de todo lo que conlleva un embarazo. Libros, revistas, sitios de internet, comentarios de amigos y familiares, todo era lo mismo: "La mujer embarazada es una mujer radiante y feliz", "el embarazo es el estado IDEAL de la mujer", y cosas por el estilo. Yo me preguntaba, ¿cómo puede ser el estado ideal estar siempre cansada, vomitando todas las mañanas?. En fin, ya para el final del embarazo, cuando la gente me preguntaba ¿cómo estás, como te sientes? yo solo atinaba a decir con cierto sarcasmo: "deseando estar sedada hasta que termine, gracias". Las personas solían verme como animal raro, con una expresión de sobresalto y el rostro desencajado. Me puedo imaginar lo que pensaban en aquellos momentos "qué madre desnaturalizada, cómo puede decir semejante cosa estando embarazada", "en lugar de estar feliz y agradecida por su estado" etc. etc. Es en este momento donde se me contrapunteaban las cosas que sentía con las cosas que leía, veía o escuchaba. "Estás ahora en el séptimo mes de tu embarazo, seguramente te sientes emocionada, estás radiante", decía un artículo en un sitio de internet. ¿radiante?...no, precisamente; tenía los pies hinchadisimos, casi no podía respirar, en las noches no dormía entre las veces que me levantaba al baño y la eterna lucha por encontrar una posición cómoda; tenía acidez, dolores de cabeza, la espalda me mataba y caminaba con dificultad por el peso. De manera que no comprendía el significado real de "radiante"; al parecer las personas que escribieron el artículo no tenían muy claro este concepto. Con el tiempo, cuando me preguntaban cómo me sentía, sólo esbozaba una sonrisa falsa y un muy forzado "bien" salía de mis labios, mas no de mi interior. ¿por qué? porque estaba harta de soportar las expresiones de extrañeza de cuantos me lo preguntaban, porque estaba hastiada de que cuando decía "me siento muy mal" la gente me preguntaba llena de curiosidad "¡¿pero por qué?!" Ganas me daban de contestar "a ver, qué parte no es la que estas viendo? ¿la panza que traigo y que a penas me permite moverme, las ojeras que me llegan casi a las rodillas por no dormir bien, la cara demacrada que tengo o el que siempre me esté sobando la espalda con gesto de dolor?". En fin, todo este proceso me hizo pensar, y la conclusión a la que llegué es que el embarazo es otra de las etapas de la mujer que está rodeada por un manto místico, irreal de lo que significa en realidad. No, señoras y señores, el embarazo NO es el estado ideal de la mujer, al menos no de todas. ¿O acaso es ideal estar siempre vomitando?. Si bien es cierto que el estar embarazada conlleva cierta emoción, esperanza y despierta muchos sentimientos de protección y cariño, también hay que ser realistas y aceptar que es un estado un tanto pesado para la mujer. No dudo que haya muchísimas futuras madres que disfrutan realmente estar embarazadas, sin embargo, no todas las mujeres somos iguales ni vivimos esta etapa de la misma forma. La verdad es que hay demasiados mitos y fantasías que se nos dicen acerca de este tema. Me parece que la sociedad debiera de aceptar que el estar "fabricando" una vida no es algo para nada sencillo, y los conflictos emocionales y de culpa a los que somete a las mujeres en esta situación al no aceptar un "me siento mal" por parte de ellas, únicamente agrava el problema y le da mas armas a la depresión post parto para hacerse presente. De manera que no debemos crucificar a las mujeres en estado gestante por el solo hecho de decir la verdad y ser sinceras acerca de sus sentimientos y su condición física y emocional. ¿Radiante y feliz? sí, demasiado, así me sentí, el día que teminó mi embarazo y pude sentir por fin a mis pequeños entre mis brazos. Ese es el verdadero momento inexplicable, y por este solo instante es cuando se mira hacia atrás sólo para darse cuenta de que todo lo padecido ha valido la pena; aunque después de haber pasado dos instantes como este, definitivamente no lo volvería a hacer.

sábado, 2 de diciembre de 2006

REFLEXIONES DE UN DEPRESIVO

¿Hay motivos para estar triste? Quizás tenga que haber uno para ser feliz, pero para estar triste, basta con un día nublado. Los porqués no existen en un alma sin luz, Los motivos no importan en una tristeza honda. La soledad puede llegar sin aviso, sin una escandalosa intromisión; simplemente presentarse así, de pronto, aún entre mucha gente; donde sea, cuando sea. Donde haya amor o confusión, compañía o dolor. Se presenta de improviso bajo un manto de tristeza. Y junto con ella, la profunda depresión que ahoga, que envenena gota a gota. Que acaciricia con un frío que estremece. Y cuando la angustia se apodera de aquel espíritu inocente, queda poco por hacer. Ha empezado a echar raíces cada vez más profundas. Desvanece todo vestigio de alegría...de vida. Va creciendo, se hace cada vez más fuerte; y tan viva, que empieza a matar poco a poco.

**La depresión es una enfermedad silenciosa de carácter fisiológico, emocional y mental que afecta a miles de personas sin que éstas lo sepan.Para diagnosticar la enfermedad, es preciso acudir al médico y responder una serie de cuestionamientos acerca de la conducta y estados de ánimo del paciente. ** Más información acerca de la depresión en: www.depresion.psicomag.com/
http://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/003213.htm
http://www.respuestasaladepresion.com/

miércoles, 29 de noviembre de 2006

AUTOESTIMA COLECTIVA

Aunque a veces no lo quisiéramos, vivimos dentro de una sociedad que exige, que juzga, castiga, y en algunos casos, premia.
Contrario a lo que la mayoría de la gente pensaría, la autoestima no siempre es propia de uno mismo; ya que para construirla hacen falta muchas veces estímulos externos que nos permitan sentirnos bien, a gusto con lo que somos. Una palmada en la espalda, una felicitación, o algo tan simple como "que lindos ojos tienes" son pequeños detalles que pueden ser decisivos, o casi hasta milagrosos en el proceso de construcción de la autoestima.
He escuchado decir que debemos amarnos y respetarnos a nosotros mismos si queremos ser amados y respetados; que la autoestima solo nosotros podemos conseguirla. He leído infinidad de artículos que sugieren, entre otras cosas, actividades como mirarse al espejo cada día y repetirse hasta el cansancio que somos maravillosos, que no hay nadie como nosotros. Y pretenden que con este y otros "ejercicios" elevemos nuestro amor propio.
Pues bien, no siempre es así. No con todos. El hombre es un ser social por naturaleza; vivimos en pequeños grupos llamados familias, convivimos con personas cercanas a nosotros, desempeñamos diversos roles a lo largo del día. No somos solo "yo", somos hijos, padres, hermanos, amigos, jefes, compañeros, etc. El entorno en el cual nos desenvolvemos nos influye y ayuda (o todo lo contrario) a definir nuestra personalidad, nuestra identidad como personas.
De manera que ¿por qué deberíamos pensar que la autoestima es un algo que está totalmente fuera de este ambiente?
Pongamos por ejemplo el caso de aquel niño que tiene padres demasiado severos, los cuales lo menos que le dicen a diario es "eres un completo inútil" "no sabes hacer nada bien" o frases del mismo calibre. Un niño en estas condiciones, que crece y se desarrolla escuchando todo el tiempo lo malo que es, obviamente no va a tener la misma autoestima que un pequeño al cual sus padres ayudan, apoyan e impulsan a seguir adelante.
Falso eso de que "si no consigues amarte tu solo, nadie lo hará por ti o te dirá cómo hacerlo". No, quizás nadie te dirá explícitamente cómo hacerlo; pero lo que sí es cierto es que habrá muchas personas que influirán decisivamente en que tu autoestima sea fuerte o débil.
Nosotros quizás tengamos que hacer la mayor parte, pero no olvidemos todo lo que nos rodea. Una ayuda externa siempre será bienvenida.
En este punto surge una pregunta, que dejo abierta a criterio de cada quien: ¿qué rol podría ser más difícil, el de emisores o el de receptores de autoestima?

lunes, 27 de noviembre de 2006

LOS MARAVILLOSOS QUINCE

Desde tiempos inmemoriales se vienen creando mitos y leyendas; a veces fantasiosas, otras un tanto escabrosas, que rodean las etapas en la vida de una mujer. Estos mitos son muy variados y van desde costumbres transmitidas de generación en generación hasta artículos periodísticos redactados impecablemente por "especialistas" en el ramo.
Empezamos en una etapa muy joven: los 15 años...ahhhh (suspiro) el "despertar a la vida".... el maravilloso paso de dejar de ser niña para empezar a convertirse en mujer....toda quinceañera es inmensamente feliz, vive ilusionada, enamorada del amor, todo es color de rosa, sha la la sha la la....
¿Realidad? a los quince años, por lo general, ya tienes unos dos o tres sufriendo de cólicos menstruales, irritabilidad, cambios de humor y la incomodidad que caracteriza dicho proceso. Te empiezan a salir barros, quizas hasta en lugares que ni tu sabias que existian. Te empiezas a interesar por los chicos, y oh sorpresa!! te das cuenta de que todos son un montón de rufiancitos a quienes sólo les interesan los videojuegos, los amigos y el futbol; y los más "maduros" se la pasan viendo pornografía en internet. ¡Qué desilusión!.. y eso sin mencionar que aunque por un lado, todos te dicen que ya eres una "señorita", que ya te estas "convirtiendo" en mujer (¿qué no lo somos desde que nacemos?); resulta que tu mamá no te permite maquillarte; si sales, tu hermanito va de chaperón, las fiestas se terminan a las 11 de la noche, y para colmo, no puedes ni siquiera rentar una buena película sin que te pidan que demuestres que tienes mas de 18 años. "¿Pues no que ya soy mayor?" te preguntas confundida... sí, lo eres, pero no lo suficiente. Y toda esta confusión se ahorraría si no tuvieras el estereotipo de la "quinceañera feliz" que se te inculcó desde que estabas en la cuna. Todo mundo se dedicó a decirte y convencerte de que los 15 años son maravillosos, de que la vida empieza a florecer a esa edad. Te lo pintaron como un cuento de princesas mejor estructurado que cualquier película de disney; tanto, que la prisa que tenías por crecer casi te impide disfrutar la inocencia de la niñez.
Nadie dijo jamás que a los 15 empiezas a vivir, sí, pero a vivir la realidad del mundo de los "adultos". En lugar de orientarnos se nos dice una sarta de mentiras y fantasías que de tanto repetirlas por generaciones, terminamos por decirlas también a nuestras hijas y nietas, aún sabiendo que es una falacia. La magia, la ensoñación que rodean los quince años es algo totalmente utópico. ¿Cómo puede ser posible que el mayor anhelo de una chica de 13 o 14 años sea desfilar enmedio de una columna de niños que se alquilan como chambelanes vestidos de militares con espadas de aluminio? ¿Qué no podemos ir un poco más allá? ¿No podemos sembrarles una dosis de ambición, balanceada con un poco de realidad, y, por qué no, unas gotas de ilusiones?. Tal vez si tus padres te hubieran hablado con sinceridad, y si los medios a los que tenías acceso no repitieran aquello de "los maravillosos quince", hubieras disfrutado mucho, y sin prisas, el jugar con tus muñecas.